Los jugadores que compiten en la Electronic Sports League (ESL) deben pasar controles aleatorios de drogas para detectar sustancias que mejoran el rendimiento, y el cannabis es una de las pocas que sigue generando debate. La atención suele ponerse en el THC, pero la investigación preliminar sobre el cannabidiol (CBD) apunta a que podría ayudar a mejorar el rendimiento cognitivo de los gamers, sobre todo de forma indirecta.
En el mundo deportivo hay precedentes de atletas que consumen marihuana para tratar distintas afecciones, como el nadador olímpico Michael Phelps. Su caso tuvo repercusión mediática, pero no le impidió destacar en la competición.
Quien no conoce bien la planta tiende a fijarse en el tetrahidrocannabinol (THC) y en su efecto sobre la función cognitiva, en especial sobre mecanismos esenciales para jugar, como la coordinación motora en tareas complejas que exigen planificar, organizar, resolver problemas y tomar decisiones. El cannabidiol (CBD), en cambio, no es psicoactivo, y varios científicos consideran que su capacidad para aliviar síntomas de algunas enfermedades beneficia la función cerebral. Los jugadores con problemas como la ansiedad, por ejemplo, probablemente se sientan más relajados al jugar con aceite de CBD.
Qué le pasa al cerebro cuando jugamos
La reacción del cerebro ante un videojuego depende del tipo de estímulo: no es la misma ante un rompecabezas que ante un juego violento. Aun así, la mayoría comparten rasgos como la velocidad, la exigencia de percepción y la imprevisibilidad, que pueden aumentar la actividad en las regiones cerebrales ligadas a la ansiedad, la excitación y la reacción emocional, y reducir a la vez la del lóbulo frontal, responsable de la regulación emocional y el control ejecutivo. Cuanto más control se tiene sobre esas regiones, mejor se suele rendir.
El efecto también puede ser el contrario. En un estudio, quienes jugaron a League of Legends (LoL) durante una hora obtuvieron mejores resultados en pruebas de selección visual, es decir, una sesión breve mejoró su atención. Las investigaciones son limitadas, pero coinciden en que la duración importa: cuanto más tiempo se juega, más efectos negativos aparecen. Y no es raro que un jugador pase de 4 a 6 horas seguidas delante de la pantalla, algo que se nota más con la edad.
Lo que dicen los estudios sobre el CBD y el cerebro
No se conoce al 100 % cómo interactúa el CBD con el cerebro. Los estudios de neuroimagen muestran que el consumo de CBD produce cambios significativos, sobre todo un aumento de la actividad cerebral y de los patrones de conectividad, tanto durante tareas cognitivas como en reposo.
En concreto, se ha observado que el CBD mejora el procesamiento emocional (en la región fronto-temporal), la memoria verbal (fronto-estriada), la inhibición de la respuesta (fronto-límbico-estriada) y el procesamiento auditivo y visual (temporo-occipital), todos ellos procesos que intervienen en el juego. Esa investigación concluyó que el CBD era más beneficioso para estas funciones que el THC, en línea con lo que se sabe de sus efectos en la ansiedad, el autismo y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Su mayor aportación, sin embargo, no sería a corto plazo, sino a largo, al aliviar otros factores de estrés.
Ansiedad, sueño, dolor y bienestar
No todos los jugadores sufren problemas de salud mental, pero los videojuegos de competición generan un nivel de estrés que puede frenar el rendimiento. Una revisión concluyó que el CBD reducía la actividad de regiones cerebrales asociadas a la ansiedad; en concreto, que era capaz de reducir «la activación de la amígdala y alterar la conectividad de la amígdala prefrontal medial». En una enfermedad como la depresión, que con el tiempo perjudica la atención, la memoria y la toma de decisiones, el uso de CBD para la depresión podría ayudar a mejorar el rendimiento cognitivo.
El sueño es otro factor. Un estudio constató que muchos jugadores tienen problemas para descansar por la noche, y dormir mal sobrecarga las neuronas, ralentiza el pensamiento y el tiempo de reacción, reduce la flexibilidad cognitiva y empeora el procesamiento de la información emocional. Varios estudios coinciden en que el CBD no induce el sueño por sí mismo, sino que alivia síntomas que lo dificultan, como la ansiedad. Por eso muchos productos para dormir lo combinan con otras sustancias naturales relajantes, como la melatonina, la raíz de valeriana o la ashwagandha.
Las sesiones largas también desgastan el cuerpo: se ha comprobado que jugar provoca dolor de espalda, musculares y articulares, sobre todo en dedos, manos, muñecas y brazos. El CBD no cura ese dolor, pero puede reducir la inflamación, y combinado con ejercicios y estiramientos puede notarse en el rendimiento. Para estas molestias se suelen usar tópicos de CBD, que actúan sobre zonas concretas; muchas cremas incluyen mentol por su efecto refrescante inmediato.
Por último está la sensación de bienestar. El sistema endocannabinoide (ECS) interviene en el apetito, la respuesta inmunitaria, la memoria, el estado de ánimo, el control del dolor y el sueño. Los investigadores no saben al 100 % cómo afecta el CBD al sistema endocannabinoide, aunque se cree que ayuda a devolverlo a un estado de homeostasis, y quienes lo toman suelen describir una sensación general de bienestar.
Una investigación todavía preliminar
Por ahora no puede afirmarse que el CBD mejore directamente la cognición de los jugadores. Las neuroimágenes apuntan en esa dirección, pero la investigación está en sus primeras etapas, y lo más probable es que su efecto llegue por vía indirecta: actúa sobre regiones cerebrales que se activan al jugar y alivia síntomas de otras afecciones que entorpecen la cognición.
En cuanto a la normativa, la ESL no prohíbe el consumo de cannabis en general, sino solo el uso de productos de cannabis durante la competición. Consumir CBD u otros derivados antes del evento no tiene consecuencias.