Durante más de una década, Estados Unidos ha sido uno de los grandes protagonistas de la legalización del cannabis. Lo que comenzó como una serie de experimentos en algunos estados terminó convirtiéndose en una industria multimillonaria, con miles de dispensarios, empresas y consumidores que pueden comprar cannabis de forma legal.
Pero algo está cambiando.
Las elecciones del próximo 3 de noviembre de 2026 llegan en un momento especialmente delicado para el sector. Mientras algunos estados todavía intentan legalizar el consumo recreativo, otros se plantean dar marcha atrás. Al mismo tiempo, el Gobierno federal prepara restricciones importantes para determinados productos derivados del cáñamo.
¿Está Estados Unidos cambiando de dirección respecto al cannabis? Para entenderlo, primero hay que conocer un poco cómo funciona su sistema político.
¿Qué son las elecciones de medio mandato?
En Estados Unidos, las elecciones presidenciales se celebran cada cuatro años. Pero justo a mitad de ese periodo tienen lugar otras elecciones conocidas como midterms, o elecciones de medio mandato.
Este año se celebran el 3 de noviembre.
Los estadounidenses no elegirán presidente. Donald Trump seguirá en la Casa Blanca, pero se renovará toda la Cámara de Representantes, una parte del Senado y numerosos cargos estatales, incluidos varios gobernadores.
Para entenderlo desde España, podríamos decir que se celebran unas elecciones al Congreso, parte del Senado y distintas elecciones autonómicas y locales al mismo tiempo. No es exactamente igual, pero sirve para hacerse una idea.
¿Y qué tiene que ver todo esto con el cannabis? Bastante.
Porque una de las particularidades de Estados Unidos es que cada estado tiene un amplio margen para establecer sus propias leyes. Eso explica que comprar cannabis en una tienda sea perfectamente legal en un estado, mientras que en otro pueda seguir siendo motivo de sanción o incluso de detención.
Además, en algunos estados los ciudadanos pueden votar directamente sobre determinadas leyes mediante referéndums. Sin necesidad de esperar a que los políticos lleguen a un acuerdo.
Y este noviembre el cannabis estará presente en varias de esas decisiones.
Un país donde el cannabis es legal… y también ilegal
Esta es probablemente la mayor contradicción del sistema estadounidense.
Actualmente, 24 de los 50 estados permiten el consumo recreativo de cannabis entre adultos. En muchos de ellos existen tiendas especializadas, conocidas como dispensaries, donde cualquier persona que cumpla la edad mínima puede comprar flores, aceites, comestibles y otros productos.
Sin embargo, a nivel federal, la situación es muy distinta.
La legislación nacional sigue prohibiendo el cannabis recreativo, aunque numerosos estados hayan aprobado sus propios mercados legales.
En abril de 2026, el Gobierno de Trump pasó a la Lista III, una categoría con menos restricciones, el cannabis medicinal con licencia estatal y los medicamentos aprobados por la FDA. El cannabis recreativo sigue en la Lista I, junto a la heroína, y la reclasificación general sigue pendiente de la decisión de un juez administrativo de la DEA, tras las audiencias celebradas en verano. Es decir, la marihuana no se ha legalizado en todo el país.
Esta convivencia entre leyes estatales y federales lleva años provocando contradicciones.
Y las elecciones de noviembre podrían profundizarlas.
Massachusetts: ¿puede un estado volver a prohibir la venta de cannabis?
Uno de los casos más llamativos es Massachusetts, un estado del noreste del país donde el cannabis recreativo es legal desde hace años.
Sus ciudadanos votarán una propuesta conocida como Question 8, que pretende eliminar las ventas comerciales de cannabis recreativo.
Conviene aclarar algo: la propuesta no busca prohibir completamente la posesión de marihuana. Los adultos podrían seguir poseyendo cantidades limitadas, y el programa de cannabis medicinal se mantendría.
Lo que está en juego es el mercado recreativo.
Es decir, los establecimientos que actualmente venden cannabis para uso adulto perderían la posibilidad de continuar con esa actividad.
Si gana el sí, el cambio entraría en vigor el 1 de enero de 2028. Además de cerrar las tiendas, la medida eliminaría el autocultivo, que hoy permite seis plantas por adulto y doce por hogar, y el límite de posesión bajaría de dos onzas (unos 57 gramos) a una (unos 28). Las ventas recreativas dejaron unos 280 millones de dólares al estado en el año fiscal 2025.
Para quienes defienden la medida, se trata de reconsiderar un modelo comercial que genera preocupaciones relacionadas con la salud pública y el consumo. Sus detractores advierten de las consecuencias para los empleos, las empresas y los consumidores que actualmente compran productos regulados.
El caso es especialmente interesante porque plantea una pregunta que hasta hace poco apenas se hacía en Estados Unidos: ¿puede revertirse una legalización que ya lleva años funcionando?
Massachusetts podría convertirse en el primer estado en revertir un mercado legal de cannabis para adultos, un precedente importante para otros. La campaña a favor la financia casi en exclusiva SAM Action, el brazo político de la organización antilegalización Smart Approaches to Marijuana. Aun así, las encuestas apuntan a que no saldrá adelante: la última de Suffolk University para The Boston Globe, realizada del 14 al 18 de octubre, da un 71% en contra y un 21% a favor.
Florida: cuando el 56% de los votos no es suficiente
Florida ofrece otro ejemplo de lo complicado que puede resultar legalizar el cannabis en Estados Unidos.
En noviembre de 2024, sus habitantes votaron una propuesta para permitir el consumo recreativo entre adultos.
El resultado fue favorable: aproximadamente el 56% votó a favor.
Pero la propuesta no salió adelante.
¿Por qué? Porque en Florida las modificaciones constitucionales sometidas a votación necesitan alcanzar el 60% de los votos.
Es decir, la mayoría de los ciudadanos que participaron apoyó la legalización, pero no fue suficiente para cambiar la ley.
Dos años después, el debate continúa.
En las elecciones a gobernador de 2026, el demócrata David Jolly defiende legalizar el consumo recreativo porque la mayoría de los floridanos votó a favor en 2024, aunque él mismo votó en contra. Su rival republicano, Byron Donalds, mantiene una posición favorable a conservar el modelo medicinal sin ampliar la legalización al consumo adulto.
Florida es un buen ejemplo de cómo el respaldo social al cannabis no siempre se traduce en cambios legislativos.
Y también demuestra que, más allá de los referéndums, las decisiones de los gobernadores y los parlamentos estatales pueden resultar determinantes.
Idaho: votar sobre cannabis podría dejar de ser una opción
Lo que sucede en Idaho es diferente.
Allí, el cannabis recreativo y el medicinal siguen sin estar legalizados de forma general. Pero la propuesta que se votará en noviembre no pretende autorizar su consumo.
Lo que está en juego es la posibilidad de que los ciudadanos promuevan futuras iniciativas de legalización.
La reforma constitucional HJR 4 busca reservar al Parlamento estatal la capacidad de aprobar determinadas medidas relacionadas con el cannabis y otras sustancias psicoactivas, impidiendo que los ciudadanos impulsen directamente su legalización mediante iniciativas populares.
Dicho de una forma sencilla: los habitantes de Idaho no decidirán si quieren cannabis legal, sino si podrán seguir intentando llevar esa cuestión a las urnas.
Es un debate que va más allá de la marihuana. También afecta a cómo se reparten las decisiones entre los ciudadanos y sus representantes políticos.
El cáñamo, otro gran frente abierto
Mientras los estados discuten sobre la legalización, a nivel nacional se está desarrollando otro conflicto importante.
Y tiene que ver con el cáñamo.
En 2018, Estados Unidos aprobó una reforma que permitió desarrollar una amplia industria de productos derivados del cáñamo, siempre que cumplieran determinados límites legales de THC.
Con el tiempo, las empresas encontraron fórmulas para comercializar productos con efectos psicoactivos derivados del cáñamo, incluidos comestibles, bebidas y vaporizadores.
Esto dio lugar a un mercado enorme, pero también a muchas controversias.
Algunos productos podían venderse fuera de los dispensarios de cannabis tradicionales y sin los mismos controles que se exigen a estos establecimientos. Las críticas se centraron especialmente en el etiquetado, la potencia de ciertos productos y su posible acceso por parte de menores.
En noviembre de 2025, el Congreso aprovechó la ley de financiación que puso fin al cierre del Gobierno para cambiar la definición legal del cáñamo. La nueva norma limita el THC total a 0,4 miligramos por envase. Debía entrar en vigor el 12 de noviembre, apenas nueve días después de las elecciones, pero en septiembre el Congreso aprobó un aplazamiento hasta el 11 de diciembre para intentar acordar un marco regulatorio alternativo. Eso sí, los cannabinoides sintéticos quedarán prohibidos igualmente el 12 de noviembre.
Ese límite no afecta solo a los productos psicoactivos. Según la propia industria, la mayoría de los productos de CBD que se venden hoy superan esa cantidad, así que también podrían quedar fuera del mercado.
El debate enfrenta dos planteamientos: quienes consideran necesario restringir estos productos para proteger la salud pública y quienes defienden establecer controles más claros sin eliminar gran parte del mercado.
En cualquier caso, las consecuencias podrían ser importantes para fabricantes, tiendas y consumidores.
Resulta curioso que, mientras algunos estados permiten vender marihuana recreativa en establecimientos especializados, el Gobierno federal esté limitando el acceso a determinados productos derivados del cáñamo que hasta ahora se comercializaban bajo otro marco legal.
Una contradicción más dentro del complejo sistema estadounidense.
¿Qué papel tienen Trump, los republicanos y los demócratas?
Es fácil pensar que la situación del cannabis en Estados Unidos se resume en dos bandos: los demócratas a favor de la legalización y los republicanos en contra.
Pero la realidad es más compleja.
En general, muchos de los candidatos demócratas que concurren a estas elecciones defienden ampliar el acceso al cannabis, mientras que numerosos candidatos republicanos mantienen posiciones más restrictivas.
Sin embargo, no existe una postura completamente uniforme dentro de ninguno de los dos partidos.
Hay políticos republicanos que han apoyado reformas relacionadas con el cannabis y políticos demócratas que se han mostrado contrarios a determinadas iniciativas.
El propio Donald Trump ha impulsado cambios relacionados con el cannabis medicinal, aunque su Administración también ha respaldado políticas restrictivas sobre determinados derivados del cáñamo. En 2024 llegó a apoyar públicamente la Enmienda 3 de Florida, la que buscaba legalizar el uso adulto.
Por eso, para entender la política estadounidense del cannabis, no basta con mirar qué partido gobierna. También hay que observar las leyes de cada estado, las posiciones de sus dirigentes y el papel del Congreso.
Las elecciones de noviembre renovarán buena parte de ese escenario político.
Y aunque los ciudadanos no votarán directamente una legalización federal, la composición del nuevo Congreso influirá en las posibilidades de aprobar futuras reformas.
¿Por qué debería importarnos en España?
Estados Unidos es uno de los mayores mercados de cannabis del mundo. Sus decisiones tienen consecuencias que van mucho más allá de sus fronteras.
Durante los últimos años, la legalización estadounidense ha impulsado inversiones, nuevas empresas, investigaciones y modelos comerciales que han servido de referencia para otros países.
Pero también ha permitido observar problemas que surgen cuando se desarrollan mercados legales: impuestos elevados, competencia con el mercado ilegal, dificultades regulatorias y debates sobre publicidad, potencia y salud pública.
Para España, donde el cannabis recreativo continúa sin contar con un mercado comercial legal regulado, la experiencia estadounidense resulta especialmente interesante.
No porque debamos copiar su modelo, sino porque ofrece ejemplos reales de lo que ocurre cuando se legaliza, se regula de distintas maneras o se reconsideran las normas existentes.
Además, lo que suceda en Estados Unidos puede influir en el sector internacional del cannabis, desde las inversiones hasta las estrategias de las grandes empresas.
Y el nuevo límite al THC del cáñamo puede afectar directamente a las empresas europeas de CBD que venden en Estados Unidos o que miraban ese mercado.
¿Está llegando a su fin la ola de legalización?
Durante muchos años, las noticias sobre cannabis en Estados Unidos seguían una dirección bastante clara: un nuevo estado aprobaba el consumo medicinal, otro legalizaba el recreativo y aparecían nuevas oportunidades comerciales.
En 2026, la situación es menos sencilla.
Hay estados que todavía intentan avanzar hacia la legalización, otros que discuten cómo regular sus mercados y algunos donde se plantean restricciones o incluso revertir decisiones anteriores.
Eso no significa necesariamente que Estados Unidos esté regresando a la prohibición generalizada. El cannabis recreativo continúa siendo legal en casi la mitad de sus estados y existe una industria consolidada.
Pero sí demuestra que la legalización no es un proceso irreversible.
Las elecciones del 3 de noviembre permitirán conocer mejor qué rumbo quieren tomar distintas comunidades estadounidenses. No resolverán todas las contradicciones legales del país, pero tendrán consecuencias para sus políticas de cannabis.
Visto desde España, quizá esa sea la principal lección de lo que ocurre al otro lado del Atlántico: legalizar el cannabis no pone fin al debate. En muchos sentidos, abre uno nuevo.
Uno sobre cómo regularlo, quién puede venderlo, qué productos deben permitirse y hasta dónde debe intervenir el Estado.
Y esas preguntas no son exclusivamente estadounidenses.
Pero no te preocupes, que no tendrás que seguir la noche electoral desde el otro lado del Atlántico. El propio 3 de noviembre, o en los días siguientes, te contaremos por aquí qué ha pasado y qué pueden significar los resultados para el futuro del cannabis en Estados Unidos.