Estados Unidos ha pasado el cannabis a la Lista III de la Ley de Sustancias Controladas tras una orden ejecutiva firmada en diciembre de 2025. La reclasificación del cannabis reconoce oficialmente su uso médico y supone un cambio de calado para el mercado, la investigación y el acceso de los pacientes.
Un estudio de consumidores realizado por Nielsen calcula que la legalización federal podría multiplicar por cinco el número de adultos estadounidenses que consumen cannabis. Hoy solo lo hace el 15%, pero una mayoría significativa se plantearía hacerlo si fuera legal en todo el país.
Según la encuesta, los motivos no serían recreativos sino médicos y de bienestar: controlar el dolor crónico, cuidar la salud mental, dormir mejor, reducir el estrés y tratar dolencias menores. Eso acerca el cannabis a la categoría de los suplementos, los medicamentos sin receta y los productos de bienestar.
Qué cambia con la Lista III
La nueva clasificación permite el uso médico supervisado por profesionales, una investigación clínica más amplia y la fabricación y distribución reguladas con estándares federales. También abre el sector a grandes farmacéuticas y empresas sanitarias que hasta ahora lo evitaban. Compañías registradas por la DEA, como Maridose, ya se preparan para abastecer este mercado regulado.
Los posibles efectos en Europa
Aunque la medida es estadounidense, puede tener eco en Europa. La legitimación médica del cannabis en Estados Unidos podría acelerar reformas en países todavía reticentes, y gobiernos como los de Francia, Italia o España podrían sentir la presión de la evidencia científica y del precedente norteamericano.
En el terreno científico, la apertura estadounidense facilitaría la colaboración internacional, y universidades y laboratorios europeos podrían acceder a materiales regulados y sumarse a ensayos multicéntricos. En el comercial, las empresas europeas podrían adaptarse a los estándares federales para exportar a Estados Unidos, y se espera una convergencia normativa que facilite el comercio de productos cannábicos entre ambas orillas del Atlántico.
Queda, por último, el efecto sobre la opinión pública. Que Estados Unidos reconozca oficialmente el cannabis como sustancia médica podría reducir el estigma en Europa y alimentar el activismo, la divulgación y el debate político sobre su regulación. Por ahora, sin embargo, ninguno de estos efectos se ha materializado: son posibilidades que dependerán de cómo se aplique la reclasificación en Estados Unidos.