La Comisión Parlamentaria para la Despenalización de la Marihuana de Polonia estudia un proyecto de ley que permitiría poseer hasta 15 gramos de cannabis y cultivar una planta para uso personal. La legalización del autocultivo de cannabis es la parte más discutida del texto, y podría quedar fuera de la versión final.
El debate despierta reacciones intensas en la sociedad polaca. Las objeciones más habituales tienen que ver con la salud pública, la protección de los jóvenes y la idea de que el cannabis es una «puerta de entrada» a drogas más duras. Los defensores de la reforma responden con argumentos de reducción de daños.
Qué supondría el cultivo doméstico
Los modelos que se manejan no contemplan plantaciones masivas, sino límites claros, por ejemplo de entre 3 y 5 plantas por hogar. La idea es cubrir el consumo personal de adultos sin alimentar el comercio ilegal ni la producción a gran escala.
El primer argumento a favor es económico y de seguridad: hoy los consumidores dependen de traficantes, y la prohibición solo beneficia a quienes controlan ese mercado. El autocultivo reduciría los ingresos de las mafias. El segundo es sanitario, porque el cannabis del mercado negro puede contener pesticidas, moho y metales pesados, mientras que quien cultiva en casa controla los fertilizantes y la higiene.
El tercero afecta a los pacientes. En las farmacias polacas el gramo puede costar hasta 60 zlotys, y la alternativa son productos sin garantías en la calle. Cultivar su propia planta les permitiría acceder a la medicina de forma más barata y elegir variedades concretas, como las ricas en CBD.
Los temores, uno a uno
Sobre el acceso de los menores, los partidarios recuerdan que los traficantes no piden el carné, mientras que el cultivo doméstico se hace en espacios privados, bajo llave y con supervisión adulta. Una ley, añaden, permitiría además controles de edad y programas de prevención.
En cuanto a la teoría de la droga de entrada, sostienen que el riesgo real está en el contacto con el vendedor ilegal, que también ofrece otras sustancias. Si el consumidor cultiva su propia planta, ese contacto desaparece.
Para los defensores de la reforma, la prohibición no ha acabado con el consumo y sí ha fortalecido al crimen organizado, ha creado riesgos sanitarios y ha complicado la vida a los pacientes que necesitan cannabis medicinal. La decisión sobre si el cultivo de una planta sigue en el proyecto está ahora en manos de la comisión parlamentaria.