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Curiosidades

Los tambores de Ketama: así se consigue el hashish más puro del mundo

Descubre qué son los Tambores de Ketama y cómo dan lugar a las variedades de polen con más calidad en todo el mundo.

“¿Oís eso? Son los tambores de Ketama, la música que más me gusta del mundo”

Halil en la película de 2014 – El Niño (ganadora de 1 premio Goya)

El sonido de los tambores de Ketama inunda los territorios aislados de los bereberes, perdidos entre las montañas del valle del Rif. Allí se produce el mayor surtido de polen virgen del mundo.

A pesar de que los orígenes del hachís son un misterio, sabemos que se conoce desde hace miles de años debido a sus usos religiosos y médicos por parte de las culturas árabes. Este concentrado se extendió rápidamente por todo el mundo, principalmente en Europa, que es el mayor consumidor de hachís hoy en día. Lo hizo al son de unos tambores, los tambores de Ketama.

Si quieres saber qué son los tambores de Ketama y por qué hacen resonar la melodía que cuenta la historia del hachís de Marruecos, sigue leyendo con atención.

Empezaremos contextualizando un poco la historia del hashish, para descubrir por qué gusta tanto en Europa, y qué son o cómo funcionan los famosos Tambores de Ketama. Aquí descubrirás todo sobre la técnica de extracción de polen más antigua del mundo. ¡Empezamos!

Polen: Una historia de amor entre el hachís de Marruecos y el resto del mundo

Como seguramente sepas, el hachís se obtiene del proceso de separación de los tricomas de la planta de la marihuana. Estos son una especie de glándulas de resina formadas por compuestos como terpenos, cannabinoides y flavonoides, que se encuentran en la planta de cannabis. Al llevar a cabo esta separación, se obtiene una masa de tricomas puros que es mucho más fuerte que los brotes de cannabis.

Este proceso que logra la separación de la resina se ha practicado durante siglos y se ha utilizado por varias razones diferentes en todo el mundo.

Podríamos decir que la historia del hachís es tan larga como la del cannabis. Durante miles de años, las plantas de cannabis se han utilizado para obtener beneficio medicinal. También las super fuertes fibras se utilizaron para fabricar tejidos de calidad y resistentes.

Además, hay referencias al hachís en la literatura. Por ejemplo, en «La historia del comedor de hachís» de Las mil y una noches, que es una historia sobre un hombre que gastó todo su dinero en mujeres y comió hachís para soñar con ser rico de nuevo.

Hacia el 1300 D.C., Marco Polo contó varias historias acerca de que el uso de hachís estaba muy extendido en todo el mundo, e inició en Europa una curiosidad que más adelante se convertiría en fiebre, por este concentrado “mágico”.

Avanzando rápidamente hasta 1800, el hachís llegó a Europa. Principalmente debido a la exposición de las tropas Imperialistas durante sus campañas en Egipto. Y a medida que el hachís se fue haciendo más conocido, el interés de Europa creció, entre otras cosas porque los médicos y botánicos comenzaron a promover sus beneficios.

Cuando esto sucedió, la demanda de hachís era muy alta, por lo que la venta aumentó y llevó a la gente a preguntarse si era adictivo. Pronto descubrieron que el hachís en sí mismo no era adictivo, pero debido a la disminución de la calidad y a una variación en la potencia, podía provocar adicción a las drogas y problemas de salud mental.

En el siglo XIX, a medida que se extendieron las campañas encargadas de señalar los peligros del uso del hachís, la gente fue más consciente de los posibles problemas de consumirlo con frecuencia.

Esto dio lugar a alternativas al hachís como vacunas, aspirina e hidrato de cloral, lo que provocó una disminución de su uso. Pero actualmente se utiliza tanto por sus beneficios medicinales como recreativos en todo el mundo y ampliamente, además.

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¿Cómo se hace el hachís? Descubriendo los Tambores de Ketama

Marruecos es uno de los mayores productores de hachís, y en una pequeña ciudad de no más de 1.500 habitantes, hay una tierra de más de 10 km donde el cannabis crece libremente. Esta ciudad se conoce como Ketama y de allí procede el mejor hachís del mundo.

Ketama ha estado produciendo hachís desde el siglo XV, dando lugar a un concentrado con los mejores sabores y calidad. En este punto, lo más normal es que te preguntes ¿Cómo se hace este hachís? Aquí tienes la respuesta.

Los bereberes, que son los productores de hachís de esta zona, secan el cannabis al aire libre. Lo hacen en días de frío para que la resina salga fácilmente, utilizan simples cubos de plástico que cubren con una malla de nailon para tapar los cubos, luego colocan el cannabis en la parte superior y lo cubren, sujetándolo todo con una cuerda alrededor del cubo para que la resina no se escape.

Después, utilizan palos de madera para machacar los cogollos secos, como si estuvieran tocando un tambor (de ahí el nombre). Este proceso es una tradición en la que participa toda la familia. Es esencial para su supervivencia porque dependen del dinero que proviene de la venta de este hachís para poder vivir.

La ruta del hachís tiene una parada obligatoria en Ketama

Los profundos desfiladeros entre las montañas de la región de Ketama son una de las mecas del cannabis de la Tierra, un lugar donde las plantaciones se cultivan por hectáreas, y donde puedes encontrar cientos de exquisitas y variadas clases de hachís, al ritmo de tambores.

En los fértiles campos de esta salvaje provincia marroquí, que se encuentra detrás de la cordillera del Rif, hay miles de plantaciones de Índicas compactas y resinosas del tamaño de un arbusto. Las semillas de Ketama suelen ser del tipo Bubba Kush u OG Kush, y su destino es pasar a formar parte de la gama más alta de polen del mundo.

Y todo parte de las manos experimentadas de los cultivadores bereberes, que desde hace miles de años tocan una melodía que resuena en todo el mundo.

Sin embargo, es un trabajo duro y exigente porque necesitas 100 kilos de marihuana para conseguir un kilo de hachís.

Los dedos ágiles y hábiles de los cultivadores de esta etnia norteafricana saben producir hachís de la más alta calidad. Este está hecho con los primeros tricomas que caen de cada planta.

El producto final se obtiene de un sistema de cultivo colectivo que culmina con el estruendo de docenas de tambores. Cada uno de los cuales filtra el polen y envía su eco a través de las montañas.

La materia prima procede de las vastas plantaciones que se cosechan entre septiembre y octubre, cuando llegan las primeras heladas, y que luego se ponen a secar al sol, lo que estropea parte del THC de la cosecha.

Esto es un mal asumible, básicamente porque no hay suficiente espacio en las casas y almacenes para secar los miles de plantas que crecen en estas tierras cada año.

Este sistema de secado que degrada los terpenos y las clorofilas, es una de las causas del denso y definido sabor que caracteriza al hachís marroquí.

En noviembre el frío invernal llega a las montañas de Ketama y es hora de retirar las plantas de los almacenes de curado.

En esta época la resina se congela y se retira más fácilmente, facilitando considerablemente el trabajo. En este punto llega el momento de la verdad: los cultivadores producen el hachís del que dependerá su sustento durante gran parte del año siguiente.

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Con los tambores de Ketama, los más viejos y expertos guían a los más jóvenes en un proceso que involucra a toda la familia. Para ello, las ramas de los brotes se colocan en grandes cuencos cubiertos por tamices, y todo este sistema de extracción en seco se encierra en un conjunto de bolsas gruesas para evitar que la resina se escape.

El resultado es un polvo amarillo y suelto que contiene un concentrado del contenido psicoactivo de la planta. Con este polvo se puede hacer polen de dos formas, según los métodos tradicionales. Puede amasarse, en frío, para obtener un polen muy suelto que se desmorona fácilmente. O puede amasarse y prensarse en caliente, dándole un color marrón característico y la consistencia compacta de todas las variedades de hachís marroquí que suelen llegar a nuestro país.

Bien, ahora ya sabes un poco más sobre el hachís y los Tambores de Ketama. Ya entiendes su importancia y su mística al tratarse de una técnica que, si bien se usa desde hace miles de años, se ha mantenido prácticamente intacta, hasta nuestros días.

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