Marruecos impulsa el cannabis legal en el Rif, la región donde la planta se ha cultivado de forma ilegal durante décadas. El Gobierno sigue adelante con la legalización del cannabis medicinal e industrial con la idea de convertir los cultivos clandestinos en plantaciones reguladas, dar a los agricultores nuevas fuentes de ingresos y recortar el tráfico ilegal.
El Rif ha sido el centro del cultivo de hachís, y miles de familias viven de él. Esa producción ha estado siempre expuesta a la persecución policial y sin ninguna regulación. La nueva legislación pretende integrar a esos agricultores en un sistema legal, en el que puedan cultivar cannabis con fines terapéuticos y cosméticos bajo supervisión del Estado.
Más de 2.600 agricultores registrados
La Agencia Nacional de Reglamentación de las Actividades sobre el Cannabis (ANRAC) es la encargada de fijar las normas de cultivo y comercialización, que son estrictas. Ya hay más de 2.600 agricultores inscritos en el programa de producción legal, y la superficie de cultivo regulado ha crecido de forma notable.
Se calcula que hasta 140.000 familias del Rif dependen directa o indirectamente del cannabis. Con la regulación, los agricultores pueden vender en mercados internacionales. El país ya ha hecho su primera exportación legal: un cargamento de cannabis para uso medicinal con destino a Australia.
Los obstáculos de la transición
El proceso tiene sus límites. La ANRAC exige que la producción tenga menos de un 1 % de THC, lo que restringe las variedades que se pueden cultivar. Además, pasar de la ilegalidad al cultivo regulado exige formación y apoyo financiero para los agricultores.
El Gobierno trabaja en ampliar el programa y en levantar una industria que beneficie a los productores y a la economía nacional. Con el crecimiento del mercado mundial de cannabis medicinal, Marruecos aspira a situarse entre los grandes productores y exportadores de cannabis regulado.