La hormiga roja de fuego importada (Solenopsis invicta), una especie invasora conocida por su agresividad, está causando graves daños en los cultivos de cáñamo al aire libre de Carolina del Sur, en Estados Unidos, y amenaza la producción de cannabidiol (CBD). Lo ha comprobado en su propia parcela la doctora Allison Justice, fundadora de la Coalición de Investigación del Cannabis y directora ejecutiva de The Hemp Mine.
En su terreno de media hectárea, cerca de la Universidad de Clemson, las hormigas rojas de fuego han pasado de ser una molestia menor a poner en peligro la viabilidad del cultivo.
Del 1 % al 35 % de pérdidas
Durante años, Justice trató a estas hormigas como una plaga más, con pérdidas del 1 %. En la última temporada, los daños subieron hasta el 35 %, una cifra que compromete la rentabilidad del proyecto.
“Han superado a las orugas como mi némesis”, declaró Justice en una entrevista con Cannabis Business Times.
La investigadora ha compartido su experiencia en LinkedIn con vídeos en los que se ven hormigas subiendo por los tallos, montículos de tierra junto a las raíces y túneles tan profundos que al principio pensó que eran obra de roedores.
No hay una explicación definitiva para este aumento. Justice apunta al clima: un año especialmente seco pudo empujar a las hormigas a buscar humedad en las raíces del cáñamo. También pudo influir un cambio en el cultivo, con pasto sembrado en toda la parcela y no solo entre hileras, que da a las colonias alimento y refugio.
Un cebo que impide crecer a las crías
Tras probar distintos métodos, Justice dio con uno eficaz: un regulador del crecimiento de insectos llamado S-metopreno, que se vende como Extinguish Professional Fire Ant Bait. El compuesto altera el desarrollo de las crías dentro de la colonia.
“Si una hormiga lleva el cebo a la colonia, las crías lo consumen y no alcanzan la etapa reproductiva. Así, la colonia muere gradualmente”, explica Justice.
Según la investigadora, lo importante es aplicarlo antes de la siembra y conocer el comportamiento alimentario de la plaga, porque los cebos genéricos no suelen funcionar: no todos los insectos responden igual a los mismos compuestos.
El producto no está autorizado en todos los estados, así que Justice aconseja consultar las listas estatales de pesticidas aprobados antes de usarlo. También cuida la forma de aplicarlo: en lugar de esparcir el cebo por el campo, lo coloca en recipientes de plástico con agujeros para que las hormigas lleguen a él sin contaminar el terreno.
Consejos para otros cultivadores
Justice quiere alertar a otros agricultores. Les recomienda revisar los cultivos con regularidad en busca de montículos, que pueden medir desde unos centímetros hasta más de medio metro, estudiar la biología de la plaga para conocer sus hábitos y debilidades, y actuar de forma preventiva antes de que el daño sea irreversible.
“Leer todo lo que puedas sobre el insecto con el que estás lidiando es una de las mejores cosas que puedes hacer”, concluye.
El problema no se limita al cáñamo. La hormiga roja de fuego importada se ha detectado en varios estados del sur de Estados Unidos, donde afecta tanto a jardines particulares como a grandes explotaciones agrícolas. Sus colonias masivas, sus túneles y sus dolorosas picaduras la convierten en una amenaza para la agricultura y también para la salud pública.