Antes de ser Indiana Jones o Han Solo, Harrison Ford fue carpintero, ayudante en conciertos y, según varios testimonios, proveedor de marihuana para músicos y artistas del Hollywood de finales de los años 60. Lo cuentan una serie de libros y biografías recientes que han devuelto a la actualidad la relación entre Harrison Ford y la marihuana.
Carpintero y proveedor de The Doors
Con 25 años, Ford intentaba abrirse camino en Los Ángeles. Había estudiado arte dramático, pero apenas le salían papeles, así que vivía de la carpintería y de encargos para estudios de grabación y grupos de música. Uno de esos trabajos lo llevó a colaborar con Jim Morrison y The Doors en el montaje de escenarios y equipos. Según el periodista Stephen Davis, autor de Vida, muerte y leyenda, Ford también se ocupaba de que “ni el cantante ni sus compañeros careciesen de hierba para relajarse”.
Discreto y tranquilo, se convirtió en una cara conocida en ese ambiente de rock psicodélico. La Vanguardia recoge que Ford “consiguió marihuana para el legendario Jim Morrison” y que su fama de proveedor se extendió entre otros artistas de la época.
“Ese es mi camello”
El libro Hollywood’s Eve: Eve Babitz and the Secret History of L.A., de Lili Anolik, cita a la cantante Michelle Phillips, de The Mamas and the Papas. Cuando vio Star Wars por primera vez y reconoció a Ford en la pantalla, soltó: “Ese es mi camello”. La anécdota resume el salto entre el joven que vendía marihuana en los años 70 y el actor que poco después sería una de las caras más conocidas del cine.
Ford frecuentaba entonces el círculo de Eve Babitz, artista y escritora, musa de la contracultura angelina, que tuvo relaciones con Morrison, Annie Leibovitz, Warren Zevon y el propio Ford, que aún no había debutado en American Graffiti (1973). Los testimonios lo describen como un tipo reservado, más interesado en construir cosas, literalmente, que en la fama. La marihuana formaba parte de la vida cultural de Los Ángeles y él se movía en ese entorno con naturalidad.
Una puerta para George Lucas
El salto al cine llegó casi por casualidad. Lo contrataron para montar una puerta en el despacho de George Lucas, y de ahí salieron American Graffiti y, después, Star Wars. El éxito sepultó aquella etapa hasta que los libros recientes la han rescatado.
El Periódico Extremadura lo describe como “un actor con ganas de triunfar” que se movía entre el rock y el cine y que “guardaba un secreto de juventud: el coqueteo con las drogas y el mundo del rock”. No hablan de un consumo descontrolado, sino de una costumbre extendida en el mundo artístico de la época, donde la marihuana se veía como una forma de relajarse y de estimular la creatividad.
En los años 60 y 70, la hierba formaba parte de la identidad de la generación hippie, y Los Ángeles era uno de sus centros. Músicos, fotógrafos, actores y escritores compartían espacios donde era tan habitual como el café. Ford, sin fama ni dinero, encontró ahí una manera de integrarse y de ganarse la vida, en contraste con el héroe clásico que interpretaría después.
Hoy, con más de 80 años, el actor rara vez habla de su juventud. En entrevistas recientes ha contado que “despreciaba a sus compañeros de clase de teatro por frikis e inadaptados”, aunque acabó aceptando que él era uno de ellos.