La Oficina de Gestión del Cannabis de Minnesota (Minnesota Office of Cannabis Management, OCM) ha publicado un informe con datos de 6.621 pacientes con cáncer inscritos en el programa estatal de cannabis medicinal. Es uno de los análisis más amplios realizados hasta ahora sobre este tratamiento en pacientes oncológicos.
Según sus conclusiones, el cannabis medicinal demuestra un fuerte potencial para aliviar el dolor, las náuseas, los vómitos, la ansiedad y la depresión, además de mejorar el sueño, con un perfil de seguridad favorable. El informe se suma a otros trabajos que describen cómo los cannabinoides ayudan a pacientes con cáncer.
Cómo se hizo el análisis
La OCM cruzó las compras de cannabis, las autoevaluaciones de los pacientes y sus registros de síntomas durante varios meses. Cada participante puntuó la intensidad de sus síntomas al entrar en el programa y de nuevo en distintos momentos del seguimiento, lo que permite ver si el alivio es puntual o se mantiene. En muchos casos, las mejoras duraron al menos ocho meses.
Dolor, náuseas y vómitos
El 82 % de los participantes tenía dolor moderado o severo al empezar. Casi un tercio (30 %) lo redujo en un 30 % o más durante los primeros cuatro meses, y más de la mitad de ellos mantuvo esa mejora otros cuatro meses. Para quienes buscan alternativas o complementos a los analgésicos habituales, incluidos los opioides, es un dato relevante.
Las náuseas y los vómitos, efectos secundarios frecuentes de la quimioterapia, afectaban al inicio a más de la mitad y a más de una cuarta parte de los pacientes, respectivamente. A los cuatro meses, el 40 % había reducido sus náuseas en un 30 % o más, y el 47 % había logrado lo mismo con los vómitos. La mejora se sostuvo después en el 65 % de los casos de náuseas y en el 74 % de los de vómitos.
Apetito, ánimo y sueño
Entre los pacientes con falta de apetito, el 38 % mejoró un 30 % o más en los primeros cuatro meses, y el 63 % conservó esa mejora más adelante.
Los problemas emocionales estaban muy extendidos: el 71,7 % tenía ansiedad moderada o severa y el 60,5 %, depresión de ese mismo grado. Tras cuatro meses, el 20,2 % mejoró de forma significativa en ansiedad y el 22,4 % en depresión. Son porcentajes más bajos que en los síntomas físicos, pero no despreciables.
El 82,8 % tenía problemas de sueño y el 91,5 % sufría fatiga. En estos dos apartados los resultados fueron más modestos: el cannabis ayudó al 18,2 % de los pacientes con insomnio y al 10,8 % de los que tenían fatiga.
Lo que cuentan los pacientes y los efectos adversos
El informe recoge también declaraciones de los participantes. Uno de ellos asegura: “Mejora mi calidad de vida inmensamente. Ayuda con el dolor, calma mi ansiedad y mejora mi estado de ánimo cuando vuelven las nubes del cáncer.” Otro se describe “mucho menos ansioso y capaz de manejar las cosas más fácilmente”, y un tercero lo considera “el medicamento más útil que tengo para la náusea y la ansiedad”.
Solo el 15 % de los pacientes notificó efectos adversos, y el 60 % de ellos fueron leves. Los especialistas aconsejan empezar con dosis bajas de THC y subirlas poco a poco, como ya se hace en la práctica clínica habitual. El programa de Minnesota cuenta con más de 90.000 pacientes inscritos.