cannabis en Camboya

El cannabis en Camboya: de la medicina jemer a una prohibición que se aplica a medias

Mario Blunt
5 de junio de 2025 · Actualizado el

El cannabis en Camboya ha recorrido un largo camino: fue parte de la cocina, la medicina popular y la vida espiritual del país, y hoy es una planta ilegal, aunque la ley se aplique con bastante manga ancha. Su historia va de los remedios de los curanderos jemeres a una regulación estricta pensada para controlar su consumo y su producción.

Medicina, cocina y ritual

Como en el resto del sudeste asiático, el cannabis formó parte de la cultura camboyana durante siglos. En la medicina tradicional jemer, los curanderos preparaban extractos y decocciones para aliviar dolores, abrir el apetito y tratar enfermedades inflamatorias. También se apreciaban sus propiedades relajantes, y se usaba para conciliar el sueño o calmar la ansiedad.

Menos conocido es su papel en la cocina. Durante siglos, las hojas se añadían a platos tradicionales, sobre todo sopas y curris, por su sabor y por sus supuestos beneficios medicinales. La regulación ha reducido mucho esta costumbre, aunque sobreviven algunas recetas herederas de ella.

Se cree además que monjes y chamanes usaban la planta en rituales para alcanzar estados de meditación profunda. No hay registros históricos detallados, pero esa relación con lo espiritual encaja en una tradición más amplia ligada al budismo y a otras creencias locales.

Del dominio francés a los Jemeres Rojos

Durante el dominio francés (1863-1953) el cannabis siguió consumiéndose con normalidad, pero la influencia de las leyes europeas empezó a cambiar la mirada sobre la planta. Los franceses restringieron el cultivo y la distribución de algunas sustancias psicoactivas, aunque no llegaron a prohibir del todo el cannabis.

En el siglo XX, la modernización y las políticas internacionales sobre drogas trajeron más regulación, aunque el uso tradicional se mantuvo en el campo. El régimen de los Jemeres Rojos (1975-1979), liderado por Pol Pot, arrasó gran parte de las tradiciones culturales y médicas del país. En plena violencia y represión, el cannabis no era una prioridad para el Gobierno, y en las zonas rurales la gente siguió usándolo en secreto como remedio.

Tras la caída del régimen, Camboya se fue alineando con las políticas internacionales contra el narcotráfico. El cannabis nunca tuvo el mismo nivel de restricción que otras sustancias, pero su cultivo y su venta pasaron a regularse con más rigor, en buena parte por la presión de países occidentales y organismos internacionales.

Ilegal, pero con una aplicación desigual

Hoy la ley camboyana prohíbe producir, poseer y traficar con cannabis, con penas que pueden incluir multas y cárcel. En la práctica, se persigue con menos rigor que otras drogas, y en algunas regiones la policía se centra en delitos de narcotráfico más graves. En ciertas zonas rurales se sigue cultivando y consumiendo con fines medicinales y recreativos.

El país también ha atraído a viajeros interesados en el cannabis. En zonas turísticas como Phnom Penh o Sihanoukville hay restaurantes que sirven la llamada “Happy Pizza”, preparada con cannabis, aunque las autoridades han empezado a endurecer los controles.

En los últimos años se debate la posibilidad de regular el uso medicinal. Hay quien sostiene que el cultivo y la exportación podrían ser un negocio para Camboya ahora que otros países han legalizado, mientras otros mantienen una postura conservadora. Por ahora, el Gobierno no ha presentado ninguna iniciativa formal para cambiar la ley.

Sobre el autor
Mario Blunt escribe sobre cannabis desde 2001. Empezó en papel, en la revista Yerba, y siguió en medios digitales como La Marihuana (lamarihuana.com); ambas cabeceras ya han cerrado. Antes de escribir ya era usuario y defensor del cannabis, y esa experiencia se nota en sus textos sobre regulación, cultivo y cultura cannábica. En Diario420 firma con seudónimo.
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