Un estudio analiza cómo las semillas de cáñamo funcionan como un alimento capaz de nutrir y regular el sistema endocannabinoide (SEC), que ayuda a mantener el equilibrio del organismo en procesos metabólicos, inmunitarios, cardiovasculares y neurológicos. Su autor sostiene que el SEC depende en gran medida de nutrientes concretos y que el cáñamo es uno de los pocos alimentos que los reúne todos.
El trabajo parte de los tres pilares de este sistema: los endocannabinoides que fabrica el propio cuerpo, los receptores cannabinoides CB1 y CB2 y las enzimas que sintetizan y degradan esos endocannabinoides. Según el estudio, las semillas de cáñamo aportan materia prima para cada uno de ellos.
Grasas y proteínas
El SEC produce sus moléculas señalizadoras, la anandamida (AEA) y el 2-AG, a partir de lípidos de la membrana celular. Las semillas de cáñamo ofrecen una proporción de 3:1 entre omega-6 y omega-3. El ácido linoleico (LA, omega-6) es precursor de la AEA y el 2-AG, y el alfa-linolénico (ALA, omega-3) da lugar al EPA y el DHA, de los que salen endocannabinoides antiinflamatorios como el EPEA y el DHEA. Ese equilibrio, explica el autor, evita la sobreactivación inflamatoria típica de las dietas cargadas de omega-6.
Las semillas contienen además ácido gamma-linolénico (GLA), presente en pocas semillas. El GLA se transforma en DGLA, que reduce la producción de leucotrienos proinflamatorios y, con ello, la carga inflamatoria que el SEC tiene que regular.
En cuanto a las proteínas, el cáñamo aporta edestina y albúmina, muy digeribles, y mucha L-arginina, precursora del óxido nítrico (NO). El SEC y el sistema del óxido nítrico se influyen mutuamente: la activación del receptor CB1 puede estimular la producción de NO, que regula la dilatación y la tensión de los vasos. El estudio sugiere que, sin suficiente arginina, el SEC no puede cumplir bien sus funciones cardiovasculares.
Minerales, vitamina E y terpenos
El magnesio y el zinc de las semillas actúan como cofactores de cientos de enzimas. En el SEC permiten que la señalización funcione y que los receptores se «reinicien» después de activarse. La vitamina E, en forma de tocoferoles, protege de la oxidación los ácidos grasos de la membrana, que son la reserva de la que se fabrican los endocannabinoides.
Las semillas no contienen THC ni CBD en cantidades relevantes, pero sí otros compuestos bioactivos. El beta-cariofileno (BCP), un terpeno del cáñamo, actúa como agonista selectivo del receptor CB2 y regula la inflamación sin efectos psicoactivos; el estudio lo llama «cannabinoide dietario». Los fitoesteroles, como el beta-sitosterol, se integran en la membrana celular y la hacen más fluida, lo que facilita que los receptores CB1 y CB2 cambien de forma y transmitan señales.
Un sistema que depende de la dieta
La tesis del autor es que el SEC no depende solo de tener receptores y endocannabinoides, sino de un entorno nutricional completo, y que sus fallos podrían deberse a desequilibrios en la dieta, sobre todo de ácidos grasos y micronutrientes. En su opinión, las semillas de cáñamo ofrecen un soporte integral: equilibran la producción de endocannabinoides, reducen la inflamación de base, mejoran la integridad de las membranas, sostienen la actividad enzimática y aportan un agonista natural del CB2.
Por eso las describe como un alimento funcional completo para el SEC y plantea que una nutrición orientada a este sistema podría convertirse en una estrategia preventiva y restauradora. Es, por ahora, una propuesta teórica del autor que no se ha probado en ensayos con personas.