Unos compuestos aislados de las raíces del cáñamo industrial, los neolignanos, tienen efectos citotóxicos sobre células cancerosas en el laboratorio, según un estudio publicado en Journal of Cannabis Research. El trabajo ha puesto el foco en una parte de Cannabis sativa L. que casi nunca se ha considerado valiosa: el cáñamo se conoce por su fibra, sus semillas y compuestos como el CBD, no por sus raíces.
Los neolignanos son moléculas fenólicas que las plantas producen como parte de sus defensas, y en otras especies ya se habían relacionado con actividades biológicas de interés. En este caso, los investigadores comprobaron que pueden provocar la muerte de células tumorales en condiciones de laboratorio.
Cómo se hizo el estudio
El equipo extrajo compuestos químicos de raíces de cáñamo industrial, aisló y caracterizó varios neolignanos con técnicas de análisis avanzadas y los probó in vitro sobre distintas líneas de células cancerosas. Después comparó su actividad con controles y con otros agentes conocidos.
Algunos de los neolignanos mostraron una actividad citotóxica comparable a la de compuestos antifúngicos potentes, en línea con lo observado en estudios previos sobre neolignanos de otras plantas, que ya les atribuían efectos antifúngicos y citotóxicos en diferentes modelos celulares.
Un subproducto con posible valor
Las raíces del cáñamo se han tratado tradicionalmente como un residuo. El hallazgo las sitúa como posible fuente de compuestos bioactivos con interés farmacológico, lo que podría diversificar el uso del cáñamo industrial y beneficiar a agricultores y empresas interesadas en productos de alto valor añadido.
El estudio encaja en una tendencia más amplia. Según informes recientes del Servicio de Investigación Agrícola de Estados Unidos, las raíces del cáñamo contienen múltiples compuestos bioactivos con posibles aplicaciones en salud y agricultura, y cada vez se investigan más las partes de la planta que antes se desechaban.
Lo que queda por investigar
Los neolignanos podrían llegar a ser candidatos para nuevos fármacos antitumorales, pero solo si estudios futuros confirman su eficacia y seguridad en animales y en ensayos clínicos. Los autores señalan que falta determinar los mecanismos moleculares exactos de la citotoxicidad, comprobar si atacan solo a las células cancerosas o también a las sanas, probarlos en modelos animales y estudiar si es viable producirlos a escala industrial.