Mucha gente da por hecho que con el cannabis pasa lo mismo que con casi todo: el doble de cantidad, el doble de efecto. Un análisis que reúne 41 estudios científicos dice que no. Más THC sí produce más «subidón», pero mucho menos de lo que cabría esperar: al pasar de 5 a 10 miligramos, la sensación de estar colocado solo aumentó alrededor de un 15 %.
El trabajo se ha publicado en la revista científica Neuroscience & Biobehavioral Reviews. Entre sus autores están Isabella Goodwin, de la Universidad Católica Australiana, y Amir Englund, del King’s College de Londres, que explicaron los resultados en un artículo para The Conversation.
Qué es el THC y por qué importa la dosis
El THC (tetrahidrocannabinol) es la sustancia del cannabis que «coloca», es decir, la que cambia la forma de percibir las cosas y el estado de ánimo. Actúa sobre unas piezas de las neuronas llamadas receptores CB1, que funcionan como cerraduras: el THC encaja en ellas y las activa. Estos receptores forman parte del sistema endocannabinoide, una red que el propio cuerpo usa para regular el sueño, el apetito, el dolor, el estrés y el ánimo. Si quieres saber más, aquí explicamos los efectos y riesgos del THC.
Sus efectos más conocidos son estos:
- Euforia y relajación.
- Más apetito.
- La sensación de que el tiempo pasa más despacio.
- Más dificultad para concentrarse y para recordar lo que acaba de pasar.
Pero también puede provocar ansiedad, nerviosismo, paranoia o somnolencia, sobre todo cuando se toma más de la cuenta.
La dosis importa cada vez más porque el cannabis actual es mucho más potente que el de hace unos años, tanto donde es legal como donde no. Desde dentro del sector lo veo claro: como mucha gente identifica la calidad con la potencia, los bancos de semillas y los criadores compiten por sacar variedades con más THC que las de la competencia. El resultado es una marihuana mucho más fuerte que la de hace unos años, y no digamos que la de hace unas décadas.
Hoy se venden flores con muchísimo THC, extractos y resinas concentradas, vapeadores, aceites y comestibles como gominolas o brownies. Con productos tan distintos, a quien consume poco le cuesta saber cuánto THC está tomando en realidad.
Cómo se hizo el estudio
Es un metaanálisis: en lugar de hacer un experimento nuevo, los investigadores juntaron los datos de 41 ensayos ya publicados, con 1.020 participantes en total. Todos eran adultos sanos que consumían cannabis menos de una vez por semana. Este detalle importa, porque quien fuma a menudo se acostumbra al THC y nota menos sus efectos.
En esos ensayos, cada voluntario recibía una cantidad conocida de THC o un placebo, una sustancia sin efecto que sirve para comparar. Ni los participantes ni los investigadores sabían quién había tomado qué. Así se puede separar el efecto real del THC de lo que la gente espera sentir.
Para comparar las dosis usaron la llamada «unidad estándar de THC»: 5 miligramos de THC inhalado, es decir, fumado o vaporizado.
Los resultados: más THC, pero cada vez menos efecto
Con una unidad de 5 mg, y descontando lo que se notaba con el placebo, los voluntarios se sintieron claramente colocados: 34 puntos más en una escala de 0 a 100. También se notaban más cansados, algo más ansiosos y bastante menos despiertos.
Al doblar la dosis hasta 10 mg, la sensación de colocón solo pasó de 34 a 39 puntos, un 15 % más. La ansiedad, el cansancio y el nivel de alerta se quedaron prácticamente igual que con 5 mg. Es decir, el doble de THC no dio el doble de nada.
Con los comestibles la cosa cambia. Cuando el THC se tomaba por la boca, los investigadores no encontraron una relación clara entre la dosis y los efectos. El THC ingerido tarda bastante más en notarse, de media hora a varias horas, y su intensidad es más difícil de prever, en parte por la sustancia en la que lo transforma el hígado. Justo por eso es fácil pasarse con ellos.
Por qué el efecto tiene un techo
Los autores lo relacionan con algo muy conocido en farmacología, los rendimientos decrecientes: a partir de cierta dosis, cada cantidad extra de un fármaco añade menos efecto que la anterior. Pasa algo parecido con el volumen de un altavoz. Subir del 1 al 5 se nota muchísimo; subir del 90 al 100, casi nada. Una explicación habitual es que, cuando la mayoría de los receptores ya están activados, al THC que llega después le queda poco sitio donde actuar.
Lo que muchos ya sabíamos
Escribo sobre cannabis desde 2001 y lo consumía desde mucho antes. En mi opinión, este metaanálisis solo confirma lo que muchos ya habíamos comprobado por nuestra cuenta: poner el doble de cannabis no da el doble de subidón. El cerebro se acostumbra al THC y el subidón tiene un tope. Por mucho que dobles la cantidad, no doblas el efecto.
La tolerancia: cuando el cerebro se acostumbra
Ese «acostumbrarse» tiene nombre: tolerancia. Cuando el THC activa los receptores una y otra vez, el cerebro reduce durante un tiempo los que tiene disponibles. El resultado es que la misma cantidad hace menos efecto, hace falta más para sentir lo mismo y el consumo sale más caro. Por eso hay consumidores habituales que acaban tomando mucho más que al principio.
Esto tiene consecuencias. Los autores recuerdan que el sistema endocannabinoide ayuda a controlar el ánimo y el estrés, y que desgastarlo con un consumo intenso no es buena idea. Los estudios a largo plazo han encontrado más riesgo de adicción y de problemas de salud mental en personas vulnerables que consumen a menudo cannabis muy potente. No le pasa a todo el mundo, pero conviene saberlo. Un estudio reciente propone incluso medir el riesgo de adicción según el THC que se consume cada semana.
Las limitaciones del estudio
Los 41 ensayos no eran iguales. Había participantes de perfiles distintos, THC fabricado en laboratorio y THC de la planta, porros y vaporizadores, y formas diferentes de medir los efectos. Además, son pruebas de laboratorio con una sola toma y con personas que consumen poco, así que los resultados no se pueden aplicar tal cual a quien fuma a diario. Los propios autores piden un ensayo en el que las mismas personas prueben las dosis más habituales.
Qué significa para quien consume
La conclusión práctica es la de siempre en reducción de riesgos, ahora con datos detrás: empezar con poco y esperar. Si una dosis baja ya hace efecto, tomar el doble apenas lo aumenta, y solo se consume más THC a cambio de muy poco. Los autores también advierten de que las dosis altas pueden dar malos ratos.
El error típico de quien tiene poca experiencia es pensar que «no le sube» y repetir antes de tiempo, sobre todo con comestibles. La regla que defienden los investigadores es sencilla: empezar con una dosis baja, esperar a notar el efecto y solo entonces decidir si se toma más. Hay quien va todavía más lejos y prefiere las microdosis de cannabis. Con el THC, menos puede ser más.