El cannabis es una de las sustancias psicoactivas más consumidas del mundo y actúa sobre la percepción, la memoria y la atención. Su efecto sobre la concentración no es igual para todos: depende de la composición del producto y de la forma de consumo, y puede ir de una simple relajación a una pérdida clara de capacidad cognitiva.
La planta contiene más de 100 cannabinoides, pero los más estudiados son dos. El tetrahidrocannabinol (THC) es el principal componente psicoactivo y el responsable de la euforia; actúa sobre los receptores cannabinoides del cerebro, afecta a la memoria a corto plazo y, en dosis altas, puede causar desorientación. El cannabidiol (CBD) no es psicoactivo y se ha investigado por sus propiedades neuroprotectoras y ansiolíticas. Algunos estudios sugieren que mejora la claridad mental y reduce el estrés, lo que podría favorecer de forma indirecta la concentración.
Qué ocurre a corto y a largo plazo
Los efectos inmediatos dependen de la dosis y del tipo de producto. El THC interfiere en la actividad del hipocampo y reduce la capacidad de retener información reciente, es decir, altera la memoria a corto plazo. También puede ralentizar la velocidad de procesamiento, con consecuencias en la resolución de problemas y el razonamiento lógico, y dificultar la atención sostenida en tareas complejas, porque altera la comunicación entre neuronas.
El consumo crónico, sobre todo en dosis elevadas, puede producir cambios estructurales en el cerebro. Algunas investigaciones lo asocian con una peor función ejecutiva (planificación, toma de decisiones y control de la atención) y con más dificultades para cambiar de tarea o resolver problemas complejos. En adolescentes y jóvenes el riesgo es mayor: el consumo puede interferir en el desarrollo cerebral y afectar a la función cognitiva en la edad adulta.
De qué depende el efecto
El primer factor es la cantidad y la regularidad: una dosis baja y ocasional no tiene el mismo efecto que un consumo habitual y abundante. El segundo es la vía de consumo. Fumado o vaporizado, el cannabis actúa antes, pero durante menos tiempo; en comestibles se absorbe más despacio y los efectos son más largos e intensos, y los extractos y concentrados, con más THC, pueden alterar más las funciones cognitivas.
Cuentan también la tolerancia y la biología de cada persona, por las diferencias genéticas y la regulación de los receptores endocannabinoides en el cerebro. Y la combinación con otras sustancias, como el alcohol o algunos medicamentos, puede amplificar los efectos negativos sobre la concentración.
Alternativas para concentrarse mejor
Hay consumidores que aseguran que el cannabis les ayuda a concentrarse. Existen, sin embargo, métodos con respaldo científico que no dependen de sustancias psicoactivas: el ejercicio físico, que mejora la función cerebral y la atención; la meditación y el mindfulness, que reducen las distracciones; una dieta equilibrada, rica en ácidos grasos, vitaminas y minerales, y un sueño de calidad, imprescindible para mantener la concentración.
La evidencia disponible indica que el consumo frecuente y en dosis altas puede perjudicar la memoria y la atención, aunque la relación entre cannabis y concentración varía mucho según la dosis, la frecuencia y la persona.