La cápsula de reentrada Nyx cayó al océano Pacífico el 24 de junio de 2025 y con ella se perdió un experimento que pretendía averiguar cómo se adaptan las semillas de cannabis a las condiciones del espacio. El proyecto, uno de los intentos más ambiciosos de llevar el cannabis en el cosmos al terreno de la investigación, quería sentar las bases del cultivo en futuras colonias en la Luna o Marte.
Quién estaba detrás del experimento
La iniciativa partió de Martian Grow, un grupo de científicos dirigido por Božidar Radišič, investigador del Research Nature Institute de Eslovenia. Su objetivo era estudiar cómo afectan la microgravedad, la radiación cósmica y el vacío a la genética y la fisiología de la planta. Las semillas viajaban en una incubadora llamada MayaSat-1, dentro de una cápsula de 1,6 toneladas fabricada por The Exploration Company.
El razonamiento de fondo es práctico: si la humanidad quiere asentarse fuera de la Tierra, tendrá que producir allí alimentos, materiales y medicinas. «Puede ser alimento, medicina, tela, bioplástico. No hay muchas plantas que nos ofrezcan todo eso», explicó Radišič a WIRED.
Más allá de su uso recreativo, el cannabis tiene una larga historia agrícola, medicinal e industrial. El equipo lo eligió por su resistencia genética y por esa versatilidad: el cáñamo da fibras para textiles y construcción, las semillas contienen proteínas y ácidos grasos esenciales, cannabinoides como el CBD tienen propiedades antiinflamatorias y ansiolíticas, y del tallo se obtienen bioplásticos compostables. En un entorno donde cada cultivo debe justificar la energía, el espacio y el agua que consume, son argumentos de peso.
Qué se quería medir
Los investigadores pretendían estudiar las mutaciones genéticas inducidas por la radiación cósmica, observar cambios en raíces, hojas y tasa de fotosíntesis, analizar el uso del agua en microgravedad y comprobar si las semillas seguían germinando tras volver a la Tierra. No se iban a cultivar en el espacio: el plan era recuperarlas y compararlas con un grupo de control para ver si el viaje había dejado huellas en su ADN aprovechables para obtener variedades más resistentes.
El cannabis es solo una pieza de un esfuerzo más amplio. La NASA, la ESA y otras agencias llevan décadas probando cultivos fuera del planeta: en la Estación Espacial Internacional se han cultivado lechuga, mostaza y trigo en microgravedad, las misiones Artemisa contemplan instalar invernaderos en la superficie lunar y se desarrollan contenedores cerrados con control total de oxígeno, temperatura y nutrientes. El grupo Genoplant trabaja en cápsulas vegetales que funcionen como ecosistemas cerrados, algo imprescindible en Marte, cuya atmósfera es mayoritariamente dióxido de carbono y cuyo suelo carece de nutrientes.
Polémica y pérdida de la cápsula
La relación entre cannabis y espacio arrastra polémica. Desde que Elon Musk fumó marihuana en el pódcast de Joe Rogan en 2018, cuando ya dirigía SpaceX, el asunto ha generado titulares, memes e incluso propuestas legislativas para hacer pruebas de drogas a los trabajadores del sector. Algunos sectores conservadores ven con recelo que una planta asociada al ocio y la contracultura entre en un campo que se percibe como dominio de la ingeniería y la ciencia más «seria».
En cuanto al accidente, The Exploration Company informó de que perdió el contacto con la nave minutos antes del amerizaje. Celestis, empresa de servicios conmemorativos que también participaba en la misión transportando restos humanos al espacio como homenaje, lamentó que la cápsula no pudiera recuperarse.
Sin las muestras no habrá resultados sobre el efecto del espacio en las semillas. El fallo, con todo, ha servido para conocer mejor la vulnerabilidad de algunos sistemas de la cápsula, y el grupo de científicos que defiende el cannabis como cultivo para la exploración espacial mantiene abierta esa línea de trabajo.