Investigadores de la Universidad de Calabria (Italia) han comprobado que la harina y el aceite de cáñamo pueden sustituir a los ingredientes habituales en repostería sin gluten. En su estudio elaboraron cupcakes con estos derivados de la planta, un ejemplo más del camino que ha recorrido el cáñamo: de superalimento a alternativa real para personas celíacas y para la industria alimentaria.
Qué probaron los investigadores
El equipo sustituyó la mantequilla por aceite de cáñamo enriquecido con CBD y la harina de trigo por harina de semilla de cáñamo. Al cambiar solo la mantequilla, la masa perdió consistencia. Pero cuando además se reemplazó por completo la harina de trigo por la de cáñamo, la textura se recuperó y el horneado dio una consistencia óptima. La mezcla de harina de cáñamo con harina de maíz no aportó mejoras significativas, lo que, según los autores, refuerza el papel de la harina de cáñamo como ingrediente principal.
Los investigadores desarrollaron también un método para extraer aceite rico en CBD mediante maceración asistida por microondas, que podría facilitar la producción de alimentos funcionales a escala industrial.
El perfil nutricional del cáñamo
La harina de cáñamo contiene hasta un 33 % de proteínas por cada 100 g, con todos los aminoácidos esenciales, y más de un 40 % de fibra. Aporta ácidos grasos omega-3 y omega-6 en una proporción de 3:1, no tiene gluten y es rica en hierro, magnesio, fósforo y vitamina E.
Al aceite se le atribuyen efectos cardiosaludables, como la reducción del colesterol LDL y de la presión arterial, además de propiedades antiinflamatorias de interés para la artritis, las enfermedades intestinales y la piel. Su omega-3 favorece la función cognitiva y sus tocoferoles (vitamina E) le dan capacidad antioxidante. Según estudios clínicos, puede aliviar los síntomas de la dermatitis atópica y mejorar el perfil lipídico en humanos.
Por eso se considera un alimento funcional: es de origen vegetal, se consume como parte de la dieta diaria y tiene efectos medibles sobre la salud, como la reducción del colesterol, la mejora de la piel o el aporte de proteínas completas.
De la cocina a los piensos y la industria
En la cocina, la harina de cáñamo sirve para panes, galletas, magdalenas y pasta sin gluten, como espesante de sopas y salsas o como sustituto parcial de otras harinas, hasta un 25 % en recetas estándar. El aceite se usa para aliñar ensaladas, hummus, cremas y pestos, y su sabor suave a nuez lo ha hecho atractivo para cocineros y consumidores exigentes.
El cáñamo gana terreno también en la alimentación animal. En gallinas ponedoras mejora la calidad del huevo y permite dietas con hasta un 20 % de harina de cáñamo; en cabras y vacas, el heno y la torta de cáñamo mejoran el estado antioxidante y reducen el estrés, y en mascotas y caballos se estudia su efecto sobre el dolor, la ansiedad y la salud digestiva. Esto diversifica la dieta animal y reduce la presión sobre cultivos como el maíz y la soja.
Fuera de la alimentación, la planta se emplea en textiles (ropa, cuerdas, bolsos), en construcción (biocompuestos, aislantes, hormigón de cáñamo), en papel más resistente y reciclable que el de madera, en bioplásticos y combustibles alternativos al petróleo, y en cosmética y suplementos con CBD. Su cultivo necesita menos agua, pesticidas y fertilizantes que otros, lo que lo hace útil para la agricultura regenerativa.
Desde su legalización en EE. UU. en 2018, el cáñamo ha abierto oportunidades para agricultores y cooperativas, ha despertado el interés de los responsables de políticas de nutrición y sostenibilidad y ha atraído inversión en investigación y nuevos productos. En Europa, su cultivo podría ayudar a revitalizar zonas rurales, crear empleo verde y contribuir a los objetivos del Pacto Verde Europeo.