Durante décadas, la historia del cannabis en Asia se ha contado de forma parcial. La mayoría de los estudios arqueológicos lo situaban en un papel secundario, asociado sobre todo a rituales, prácticas funerarias o usos medicinales. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Journal of Archaeological Science acaba de dar un giro radical a esta narrativa: el cannabis no solo estaba presente en la vida de las antiguas comunidades chinas, sino que era uno de sus cultivos básicos, al nivel del arroz o la cebada.
Este hallazgo no es menor. Implica que debemos replantearnos cómo entendemos la agricultura temprana en Eurasia y, sobre todo, el papel que esta planta desempeñó en la vida cotidiana de las sociedades prehistóricas.
Un análisis científico que cambia el relato
El estudio fue realizado por investigadores de la Universidad de Shandong, en colaboración con instituciones arqueológicas y educativas de China. Su metodología se basó en el análisis de fitolitos, unas diminutas estructuras de sílice que las plantas dejan como huella incluso miles de años después de descomponerse. Son, en esencia, la “firma” vegetal que permite reconstruir qué especies se cultivaban o consumían en un lugar concreto.
Los científicos analizaron 132 muestras procedentes de dos asentamientos neolíticos: Beitaishang y Qianzhongzitou, ambos ubicados en la provincia de Shandong. Estas muestras provenían de contextos domésticos: suelos, fosas de ceniza, cimientos de viviendas y otros espacios donde se desarrollaba la vida diaria.
Los resultados fueron contundentes:
- En Beitaishang, el 68,8 % de las muestras contenían fitolitos de cannabis.
- En Qianzhongzitou, el porcentaje ascendía al 72,3 % durante el período Longshan.
- Incluso en el período Yueshi, posterior, seguía presente en más del 50 % de las muestras.
Estas cifras no dejan lugar a dudas: el cannabis era un cultivo habitual, recurrente y fundamental.
El cannabis como uno de los “cinco cereales”
Uno de los aspectos más revolucionarios del estudio es que sitúa al cannabis dentro del grupo de los “cinco cereales”, un concepto histórico que hace referencia a los cultivos esenciales para la subsistencia en la antigua China. Tradicionalmente, este conjunto incluía arroz, mijo, cebada y soja. Ahora, gracias al análisis de fitolitos, se confirma que el cannabis también formaba parte de este grupo desde el Neolítico tardío.
Esto significa que la planta no era un cultivo marginal, sino un pilar agrícola comparable a los alimentos más importantes de la época.
Un uso cotidiano, no ritual
Hasta ahora, muchos hallazgos arqueológicos de cannabis en Eurasia estaban vinculados a contextos rituales: tumbas, ceremonias, prácticas chamánicas o usos medicinales. Por ejemplo, en Xinjiang se han encontrado restos de cannabis psicoactivo en tumbas de la Edad del Bronce, y en Israel se halló resina de cannabis en un altar del siglo VIII a. C.
Pero este nuevo estudio muestra algo completamente distinto: el cannabis de Shandong se utilizaba en la vida diaria, no en ceremonias.
Los fitolitos aparecieron en:
- zonas de cocina,
- fosas de almacenamiento,
- suelos de viviendas,
- estructuras domésticas de uso común.
Esto sugiere actividades como:
- procesamiento de semillas,
- consumo alimentario,
- obtención de fibra para textiles, cuerdas o tejidos.
En otras palabras, el cannabis era un recurso de subsistencia, tan cotidiano como el trigo o el mijo.
Una planta versátil para una sociedad en transformación
El Neolítico tardío fue un período de grandes cambios: sedentarización, expansión agrícola, desarrollo de nuevas tecnologías y aumento de la complejidad social. En ese contexto, el cannabis ofrecía ventajas únicas:
1. Nutrición
Las semillas de cannabis son ricas en proteínas, grasas saludables y minerales. Para comunidades agrícolas tempranas, representaban una fuente de energía accesible y fácil de almacenar.
2. Fibra
El tallo del cannabis produce una fibra resistente, ideal para:
- tejidos,
- cuerdas,
- redes,
- cestas,
- herramientas agrícolas.
Su utilidad era comparable —y en algunos casos superior— a la del lino o el cáñamo europeo.
3. Adaptabilidad
El cannabis crece bien en climas variados, resiste plagas y requiere menos cuidados que otros cultivos. Esto lo convertía en un recurso fiable para sociedades que dependían de la estabilidad agrícola.
Un hallazgo que corrige décadas de subestimación
La falta de restos orgánicos había llevado a muchos arqueólogos a pensar que el cannabis tenía un papel menor en la agricultura temprana. Pero los fitolitos cuentan otra historia: el cannabis estaba profundamente integrado en la vida cotidiana y era indispensable para la subsistencia.
Los autores del estudio lo expresan claramente: la importancia del cannabis fue subestimada debido a la escasez de restos visibles, pero su presencia sistemática en los fitolitos demuestra que era un cultivo clave.
El contraste con las políticas actuales
Resulta irónico que, mientras la arqueología revela la importancia histórica del cannabis en China, el país mantiene hoy una de las políticas antidrogas más estrictas del mundo. Incluso el cáñamo industrial y el CBD están fuertemente regulados, y en 2024 China endureció aún más las normas sobre cannabidiol, afectando a productores internacionales.
Los investigadores del estudio subrayan que su trabajo se centra en el cannabis fibroso y que se oponen al uso recreativo de la planta, alineándose con la postura oficial del país.
Una planta que ha acompañado a la humanidad durante milenios
Este estudio se suma a una creciente evidencia científica que muestra que el cannabis ha sido una planta profundamente ligada a la historia humana:
- como alimento,
- como fibra,
- como medicina,
- como elemento ritual,
- como recurso económico.
Desde las tribus bíblicas hasta las culturas de Asia Central, pasando por la China neolítica, el cannabis ha sido una planta multifacética que ha evolucionado junto a nosotros.
Conclusión: una historia que se reescribe
El descubrimiento de que el cannabis fue uno de los cultivos esenciales del Neolítico tardío en China no es un simple dato arqueológico: es una pieza clave para entender cómo se desarrollaron las primeras sociedades agrícolas de Eurasia.
Este estudio demuestra que:
- el cannabis era un cultivo básico,
- se utilizaba en la vida cotidiana,
- formaba parte de la economía agrícola,
- y su importancia fue mucho mayor de lo que se creía.
En definitiva, estamos ante una reescritura de la historia agrícola antigua, donde el cannabis deja de ser un actor secundario para ocupar el lugar que realmente tuvo: el de un cultivo fundamental para la subsistencia y el desarrollo de las primeras comunidades agrícolas del norte de China.