Los pacientes con enfermedades crónicas que empiezan a usar cannabis medicinal mejoran de forma clara y sostenida su calidad de vida, según un trabajo de investigación de Margaret‑Ann Tait en la Universidad de Sídney. El estudio analiza cómo cambia la calidad de vida relacionada con la salud (HRQL) en estos pacientes y si el cannabis medicinal puede mejorar la calidad de vida cuando los tratamientos convencionales no alivian los síntomas o causan efectos secundarios difíciles de tolerar.
El interés por el cannabis medicinal ha crecido en todo el mundo, pero su acceso sigue topando con barreras regulatorias y con una falta histórica de evidencia clínica sólida.
Cómo se hizo el estudio
Tait combinó métodos cuantitativos y cualitativos. Primero hizo una revisión sistemática y un metaanálisis sobre cómo se ha medido la calidad de vida de los usuarios de cannabis medicinal en la última década. Después siguió a escala nacional a pacientes a los que se acababa de recetar cannabis para medir los cambios a corto y largo plazo. Por último, entrevistó en profundidad a pacientes que llevaban tiempo usándolo para conocer su experiencia más allá de las cifras.
Menos dolor y menos fármacos
Los pacientes refirieron una reducción significativa del dolor y de otros síntomas persistentes, y mejoras en el sueño, el estado de ánimo y la capacidad para hacer su vida diaria. Muchos redujeron el uso de medicamentos convencionales, algunos con efectos secundarios importantes, y dijeron sentir más control sobre su salud. Según el estudio, estas mejoras son clínicamente relevantes, es decir, se notan en el día a día.
El trabajo identifica también los obstáculos que siguen dificultando el acceso: normativas que cambian de una región a otra, falta de formación de los profesionales sanitarios, el estigma social y médico heredado de décadas de prohibición y trámites que retrasan o complican la prescripción. La autora defiende abordarlos con un enfoque basado en la evidencia y centrado en el paciente.
Tait propone incorporar estos datos a las guías clínicas, las políticas sanitarias y la formación de los profesionales, y apunta como siguiente paso a investigar el impacto económico del cannabis medicinal en el tratamiento de las enfermedades crónicas. A su juicio, podría mejorar la vida de miles de pacientes y reducir el gasto sanitario en tratamientos ineficaces o con efectos adversos.