El GPR18, un receptor huérfano que interactúa con cannabinoides como el THC, el CBD y la anandamida, ha ganado peso en la investigación de los últimos años. Su función biológica no está del todo definida, a diferencia de la de los receptores clásicos CB1 y CB2, pero estudios recientes lo implican en numerosos procesos fisiológicos y patológicos y alimentan la idea de un sistema endocannabinoide más amplio de lo que se pensaba.
El receptor está presente en tejido muscular, inmunitario, neuronal y cardiovascular, lo que apunta a un papel general en el equilibrio del organismo.
Músculo, intestino y cáncer
Una de las líneas más avanzadas es la distrofia muscular de Duchenne (DMD), una enfermedad genética que degenera de forma progresiva el músculo esquelético. Los tratamientos actuales, como los glucocorticoides, funcionan, pero tienen efectos secundarios graves a largo plazo. El agonista sintético PSB-KD107 ha mostrado capacidad para frenar la inflamación y la degeneración y para estimular la regeneración muscular. Su perfil farmacológico es además más favorable que el de alternativas naturales como la resolvina D2, que presenta problemas de estabilidad. Si los ensayos preclínicos siguen dando resultados positivos, podría cambiar el tratamiento de la DMD.
El GPR18 también interviene en la respuesta inmunitaria. En ratones con colitis, su activación redujo las citoquinas proinflamatorias y mejoró los síntomas, un hallazgo relevante para la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn y otras inflamaciones crónicas.
En el terreno oncológico, el agonista PSB-KK1415 ha mostrado una potente actividad sobre rutas moleculares que regulan el crecimiento celular. Algunas células tumorales expresan GPR18, y activarlo puede inducir su apoptosis (muerte celular programada), frenar la proliferación del tumor y reforzar la respuesta inmunitaria contra el cáncer. Su potencial en inmunoterapia es objeto de varias investigaciones en curso.
Corazón, apetito y estado de ánimo
Los investigadores han identificado una vía de señalización, el eje GPR18-RvD2, que regula la inflamación de los vasos sanguíneos. Podría ser útil frente a la aterosclerosis, que afecta a millones de personas en el mundo: controlar esa inflamación ayudaría a prevenir infartos e ictus y a mejorar la función endotelial.
En modelos animales, el GPR18 reproduce efectos del THC sobre la conducta, como el aumento del apetito o la influencia sobre el estado de ánimo. Eso sugiere aplicaciones en trastornos alimentarios, como la anorexia o la pérdida de apetito causada por tratamientos médicos, y en problemas psiquiátricos como la depresión o el trastorno afectivo estacional.
Un complemento a los receptores CB1 y CB2
Estudios polacos han comparado los efectos del GPR18 con los de los cannabinoides clásicos. Aunque comparte propiedades con ellos, su selectividad y sus vías de señalización propias lo convierten en una herramienta terapéutica complementaria, no en un sustituto.
Estos trabajos refuerzan el concepto de un sistema endocannabinoide «expandido», con receptores no convencionales pero funcionalmente relevantes. Por ahora, la mayoría de las aplicaciones del GPR18, de la regeneración muscular a la oncología, la inmunología, la neurología o la salud cardiovascular, se apoyan en estudios preclínicos.