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Cómo Pablo Escobar cambió la marihuana por la cocaína

Quizás lo único que convirtió en humano a Pablo Escobar fue su insomnio y su afición por la marihuana. Lo demás, una fortuna de miles de millones de dólares a causa de centenas de asesinatos, atentados, narcotráfico y la opresión del pueblo colombiano.

Pablo escobar marihuana y cocaína

Era el Miami de los hippies. Estados Unidos aún vivía los últimos coletazos de la “década del amor”, aunque lejos quedaba el verano del 67 y el ‘All you need is love’ de los Beatles. El LSD se había convertido en un reducto de los más talibanes entre los hippies. Pero la marihuana no. La hierba seguía trayendo de cabeza a los diferentes gobiernos de USA y a su policía anti-narcóticos, la DEA, sin imaginar la que se les venía encima: la cocaína.

A finales de 1970, las tendencias de consumo de drogas estaban empezando a cambiar. De hecho, el propio contrabando de drogas estaba tomando un cariz y un alcance muy diferente al conocido. La marihuana colombiana era la reina de Miami, y esta sirvió de celestina para que Estados Unidos conociera a la que se iba a convertir en la reina del baile: la cocaína.

La marihuana trajo consigo la cocaína colombiana y ambas se convirtieron en las elecciones que las crecientes organizaciones de narcos tomaron para abrir nuevos mercados en los Estados Unidos, con Miami como puerta de acceso. La hierba proveniente de Colombia llegó a alcanzar cantidades de 113 toneladas, solo en la Florida de 1978. Se la conocía como el “Oro de Colombia” y llegaba a los Estados Unidos en buques nodrizas que consistían en grandes embarcaciones marítimas que llevaban los envíos a USA. Estas eran amarradas lo suficientemente lejos de la orilla para evitar los avisos y descargar así cantidades más pequeñas de droga a yates menores, lanchas o buques pesqueros, que pasaban más desapercibidos.

Desde finales de los 70 hasta principios de la década de los 80 la DEA llevó a cabo una serie de notables operaciones dirigidas contra las organizaciones que se encontraban detrás de estas naves. Incluso se creó un programa provisional en diciembre de 1975 que consistió en el rastreo de la costa de La Guajira, en Colombia, por parte de aviones tripulados por pilotos norteamericanos. Estos reportaban a la DEA las embarcaciones sospechosas.

En 1978, a través de esta operación provisional se redujo a un tercio el flujo de marihuana proveniente de Colombia, incautándose más de un millón de libras de hierba. Este hecho provocó que el precio de la marihuana colombiana creciera de 20 dólares la libra a 80. Además, este dispositivo consiguió la detención de más de 220 personas, la mayoría narcos colombianos.

Esta es la coyuntura con la que comenzó la carrera del que posteriormente se iba a convertir en el mayor narcotraficante de la historia. O al menos el más sanguinario y popular, casi un mito pop. Un tipo que se sintió tan invencible que pensó que podría llegar a ser el presidente de Colombia. El responsable de más de 4000 asesinatos (540 policías), incluyendo un atentado aéreo donde 109 personas perdieron la vida: Pablo Escobar.

Quizás lo único que convirtió en humano a Pablo Escobar fue su insomnio y su afición por la marihuana. Lo demás, una fortuna de miles de millones de dólares a causa de centenas de asesinatos, atentados, narcotráfico y la opresión del pueblo colombiano.

Durante la transición entre los hippies y la marihuana de los años 70 y el inicio de la edad de oro que supieron los 80 para los narcos y la cocaína hizo su aparición Pablo Escobar. Este rechoncho sicario, que se hacía llamar “Patrón”, y que portaba un bigote que convirtió en marca de la casa, causó estragos en la sociedad colombiana. Hizo de su país su cortijo, su fortaleza, su reino y su cárcel. Asesinó a más de 4000 personas (10000 según otras estimaciones), entre ellas 540 policías (700 según fuentes no oficiales). Y es que, con él solo había una salida si defendías la ley: o te hacías corrupto o acababas bajo tierra.

Pablo Escobar comenzó con pequeños hurtos de electrodomésticos con los que luego traficaba. El siguiente paso fue el contrabando de la marihuana colombiana hacia los Estados Unidos. Eran los años setenta y el “oro colombiano” (nombre con el que se conocía a la hierba de Colombia) era la estrella de la Miami de la época. Pero entonces alguien le habló de las maravillas económicas que le podía reportar cambiar el verde por el blanco de la cocaína. Ya no habría vuelta atrás.

Según ‘Narcos’, la excepcional serie de Netflix que narra la vida del mayor capo del narcotráfico, con ínfulas de estrella del rock y megalómano a más no poder, el verdadero origen del boom de la coca vino de Chile. No de la propia Colombia o de Perú. Cuando los Estados Unidos ayudaron al también sanguinario Augusto Pinochet a derrocar a Salvador Allende, iniciando su dictadura, esperaban algo a cambio más allá de acabar con comunistas y socialistas. Un Pinochet agradecido comenzó a colaborar con la CIA para acabar con los laboratorios de narcos, provocando la huida de muchos de estos a otros países. Así es como uno de ellos acabó dando con Escobar e introduciéndolo en el tráfico de cocaína.

El dinero rápido de la cocaína fue incrementado el estado de locura y la sensación de inmortalidad que padeció Escobar. El narco se creyó el salvador de Colombia. El tipo que podía llegar al poder a base de falsa filantropía, extorsiones y asesinatos. Paralelamente, en Estados Unidos consiguió cambiar los hippies de la marihuana por el polvo blanco. ¿Cómo? Dejaba perder 60 kilos a cambio de introducir unos 600. Y ahí Miami enloqueció, lo que provocó que la DEA y la CIA actuaran juntas, compartiendo un estado de obsesión por atrapar al mafioso colombiano.

La catedral, la prisión de Pablo Escobar

La catedral vista desde arriba.

La fortuna del narco incrementó a niveles nunca conocidos. Se estima que Pablo Escobar pudo amasar una fortuna de 15 mil millones de dólares. La leyenda urbana dice que a cambio de su inmunidad, ofreció al Gobierno colombiano pagar la deuda internacional que el país tenía. Lo que sí consiguió es que se derogara la ley que permitía la extradición de los narcotraficantes a Estados Unidos. Solo cuando pudo comprobar que no iba a pisar suelo (carcelario) americano, se entregó a las autoridades de su país bajo una condición: él se iba a construir su propia prisión.

Prostitutas, orgías, fiestas, alcohol, marihuana, cocaína, campos de fútbol, salas de billar, lujosas suites… No hablamos de un resort de lujo, sino de la cárcel en la que estuvo “encerrado” Pablo Escobar. Construida sobre sus propios terrenos, “La Catedral” se convirtió en el centro de operaciones del narco, donde siguió moviendo los hilos del Cartel hasta que se vio obligado a escapar tras descubrir la intención del gobierno colombiano de trasladarlo a una verdadera prisión.

Lo más irónico de todo, y aunque pueda resultar contradictorio, Pablo Escobar no era aficionado a la cocaína pero sí un reconocido fumador de marihuana. El narco padecía insomnio y era propenso a levantarse en medio de la noche para fumarse un porro. Parece ser que hasta el mismísimo diablo tuvo sus debilidades.

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