años en el consumo de cannabis

Una revisión científica desmonta el límite de los 25 años en el consumo de cannabis

Mario Blunt
20 de noviembre de 2025 · Actualizado el

Un artículo publicado en el American Journal on Drug and Alcohol Abuse pone en duda una idea muy extendida: que el cerebro «termina» de desarrollarse a los 25 años y que consumir cannabis antes de esa edad deja daños permanentes. Sus autores, vinculados a la organización Doctors for Drug Policy Reform, revisaron la literatura científica sobre neurodesarrollo para comprobar si ese límite de los 25 años en el consumo de cannabis tiene base.

Su conclusión es que no. La maduración cerebral no sigue una línea recta, varía según la región del cerebro y depende de factores como el sexo y distintos procesos fisiológicos. La mayoría de los hitos del desarrollo se alcanzan entre los 18 y 21 años, no a los 25.

Qué dice la evidencia revisada

Según la revisión, el desarrollo macro y microestructural del cerebro está prácticamente completo al final de la adolescencia, en torno a los 18 años. Durante la tercera década de la vida continúan cambios más sutiles, pero los autores sostienen que no justifican una prohibición hasta los 25.

Tampoco encontraron pruebas sólidas de que consumir cannabis entre los 18 y 25 años cause un daño cognitivo o neurofisiológico mayor que hacerlo después. En concreto, los datos disponibles no muestran que el consumo entre los 21 y 25 años sea excepcionalmente más dañino que a partir de los 25.

El trabajo reconoce, eso sí, que hace falta más investigación longitudinal. Los motivos que señala son el aumento del consumo entre adultos jóvenes, la mayor potencia de los productos de THC actuales y la rápida evolución de los mercados legales.

La edad mínima en la política pública

Para los autores, fijar el límite legal entre los 18 y 21 años es científicamente sólido y socialmente defendible. Elevar la edad mínima a 25 años, añaden, no tendría un impacto significativo en la prevención de problemas de salud mental, y la regulación debería apoyarse en la evidencia y en criterios de equidad, no en mitos neurocientíficos.

El artículo repasa también lo ocurrido en otros países. Canadá fijó la edad mínima en 18 años, y estudios financiados por su gobierno indican que el consumo juvenil disminuyó tras la legalización. Alemania optó por el mismo límite, y sus informes oficiales concluyen que los temores sobre el consumo de los jóvenes, la seguridad vial y otros riesgos han resultado infundados; los datos federales reflejan además un descenso del consumo juvenil.

En Estados Unidos la mayoría de estados exige 21 años. Los datos federales de 2021 a 2024 muestran que el consumo crece entre los adultos de 26 años o más, mientras que entre adolescentes y jóvenes se mantiene estable. Informes del Marijuana Policy Project señalan que en 19 de 21 estados con legalización el consumo adolescente bajó de media un 35 %. Encuestas nacionales como Monitoring the Future confirman que hoy consumen menos estudiantes de secundaria que antes de la legalización de 2012, y que también ha bajado la sensación de que es fácil conseguir cannabis.

Un argumento más retórico que científico

La frontera de los 25 años se ha usado con frecuencia como argumento prohibicionista, pero carece de respaldo empírico. Los datos citados apuntan incluso en sentido contrario: regular el mercado reduce el consumo de los menores, porque desplaza a los vendedores ilegales e introduce controles de edad.

El artículo recuerda además que el cannabidiol (CBD) cuenta con evidencia de eficacia en ansiedad, depresión y problemas de sueño, por lo que pide distinguir entre cannabinoides en lugar de tratar el cannabis en bloque. Y advierte de un efecto social: subir la edad mínima a 25 años podría criminalizar sin base científica a jóvenes adultos y agravar desigualdades.

Queda pendiente, según los propios autores, estudiar los efectos a largo plazo en un mercado que cambia deprisa y con productos cada vez más potentes.

Sobre el autor
Mario Blunt escribe sobre cannabis desde 2001. Empezó en papel, en la revista Yerba, y siguió en medios digitales como La Marihuana (lamarihuana.com); ambas cabeceras ya han cerrado. Antes de escribir ya era usuario y defensor del cannabis, y esa experiencia se nota en sus textos sobre regulación, cultivo y cultura cannábica. En Diario420 firma con seudónimo.
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