Investigadores de la Universidad de Saskatchewan y de la empresa Renaissance Bioscience sostienen que la inteligencia artificial en el cultivo de cannabis puede acelerar el desarrollo de nuevas variedades, mejorar su consistencia química y hacer las plantas más resistentes. El estudio, difundido en ResearchGate, plantea que los modelos de IA permiten simular miles de cruces antes de plantar una sola semilla.
Para ello combinan marcadores genéticos, datos ambientales, mediciones de crecimiento y análisis químicos. Según los autores, el método podría reducir a una fracción los ciclos de mejora tradicionales, que llevan entre 6 y 8 años, y dar resultados químicos más homogéneos.
Las herramientas
El aprendizaje automático y las redes neuronales simulan los resultados de los cruces y siguen las interacciones entre genes y ambiente. La metabolómica cataloga las sustancias químicas que produce la planta, lo que ayuda a predecir sus perfiles de cannabinoides y terpenos. La selección genómica, la regresión y el aprendizaje profundo, ya habituales en otros cultivos, se aplican ahora al cannabis para encontrar patrones genéticos ligados a rasgos químicos, como la proporción de THC o la presencia de CBG.
Los datos salen de instrumentos como los espectrómetros de masas y la cromatografía de gases, que miden cannabinoides y terpenos, y de técnicas de imagen que evalúan los tricomas y la respuesta de la planta al estrés. El objetivo es obtener variedades con perfiles químicos controlados, adaptables a distintos entornos de cultivo y estables, que es lo que reclama una industria en expansión.
Límites y riesgo para la biodiversidad
El estudio también señala obstáculos. Las predicciones dependen de que los datos sean precisos, los rasgos poligénicos son difíciles de modelizar y las restricciones legales limitan el acceso a datos de investigación. Además, la presión del mercado por plantas más rápidas y productivas puede reducir la diversidad genética del cannabis, un fenómeno conocido como “cuello de botella genético”.
Algunos gobiernos ya se han movido en esa dirección. En 2022, California financió un estudio de 20 millones de dólares para preservar la diversidad genética de los cultivares tradicionales, y en 2018 el Senado de EE. UU. ordenó ampliar las reservas nacionales de genética de cannabis, con medio millón de dólares para ese fin. Los autores advierten de que estos retos regulatorios, éticos y de biodiversidad deben resolverse para que la IA beneficie a la industria y a la sociedad.