El cannabis ha pasado por casi todos los papeles posibles: planta ritual y medicinal en civilizaciones antiguas, cultivo estratégico, sustancia perseguida y, ya en el siglo XXI, una industria global que mueve miles de millones y obliga a revisar políticas públicas y modelos de salud.
La historia del cannabis ayuda a entender ese recorrido, que mezcla espiritualidad, medicina, comercio, prohibición y vuelta a la legalidad en muchos países.
Medicina, ritual y fibra en la Antigüedad
Las primeras referencias a la planta tienen más de 5.000 años. En China, el emperador Shen Nung la describió como medicinal, con propiedades analgésicas y antiinflamatorias. En la India, el bhang formaba parte de rituales religiosos ligados a Shiva, considerado el “señor del cannabis”. En Oriente Medio se usaba tanto para aliviar dolores como en prácticas espirituales.
En esas culturas no era un tabú, sino un recurso. Con ella se fabricaban cuerdas, tejidos, aceites, ungüentos y preparados medicinales.
Las rutas comerciales la llevaron a África y Europa. En Egipto se empleaba contra las inflamaciones; en Grecia, para el dolor y los problemas gastrointestinales, y en Roma, para hacer cuerdas y velas de barco. El cáñamo se convirtió en un cultivo agrícola de primer orden.
Del cultivo obligatorio a la prohibición
Durante siglos, el cáñamo fue un cultivo estratégico en Europa y América, donde servía para fabricar papel, tejidos y material naval. Muchos países llegaron a obligar por ley a los agricultores a sembrarlo para abastecer a la industria marítima.
A finales del siglo XIX y principios del XX la planta empezó a asociarse al consumo recreativo en las ciudades. En Estados Unidos se vinculó a las comunidades mexicana y afroamericana, lo que alimentó discursos racistas y campañas de desprestigio. La película Reefer Madness (1936) es el ejemplo más conocido: propaganda que exageraba los efectos del cannabis para justificar su prohibición.
Ese clima acabó en leyes restrictivas en numerosos países. Impulsada por la política internacional y la llamada “guerra contra las drogas”, la prohibición se extendió por buena parte del mundo durante el siglo XX.
La ciencia y la vuelta a la legalidad
A partir de los años 90, el descubrimiento del sistema endocannabinoide cambió la investigación biomédica. Se identificaron en el cuerpo humano receptores específicos que interactúan con compuestos de la planta como el THC y el CBD.
Desde entonces el cannabis se estudia también como herramienta terapéutica para aliviar el dolor crónico, reducir la espasticidad en enfermedades neurológicas, mejorar el sueño, disminuir las náuseas asociadas a los tratamientos oncológicos o modular la inflamación. Esa evidencia empujó cambios legales: Canadá, Uruguay, Alemania, Portugal y varios estados de EE. UU. regularon primero el uso medicinal y, después, el recreativo.
Hoy el sector abarca el cultivo y la producción, la extracción, la cosmética, la farmacia y la biotecnología, la alimentación y las bebidas funcionales, la tecnología aplicada al cultivo y el turismo cannábico. El mercado legal mundial supera ya los 30.000 millones de dólares, y las previsiones apuntan a un crecimiento sostenido durante la próxima década.
El producto también se ha sofisticado, con análisis de terpenos y perfiles de cannabinoides, fórmulas de liberación controlada, vaporizadores de precisión y alimentos funcionales. Hacia dónde vaya a partir de aquí dependerá de cómo regulen los países, de lo que diga la evidencia científica y de su encaje en la salud pública.