Investigadores de la University College Dublin (UCD) han identificado el mecanismo genético que decide el sexo de las plantas de cannabis y han comprobado que el lúpulo, el ingrediente de la cerveza que da su amargor, comparte el mismo «interruptor sexual». El estudio se ha publicado en la revista New Phytologist.
El interruptor está en una pequeña región del cromosoma X que los autores han llamado Monoecy1. Contiene tres genes muy próximos entre sí que determinan si una planta se desarrolla como macho, hembra o hermafrodita. Ya se sabía que las plantas femeninas de cannabis tienen dos cromosomas X y las masculinas un X y un Y, pero no qué genes concretos controlaban esa diferencia.
El resultado llama la atención porque en muchos organismos, incluidos los humanos, es el cromosoma Y el que fija el sexo. En el cannabis y el lúpulo, el papel decisivo parece tenerlo el X.
Un origen común de hace 28 millones de años
Según el estudio, el mecanismo habría surgido hace unos 28 millones de años, antes de que las dos especies se separaran. Ambas pertenecen a la familia Cannabaceae, y compartir el mismo interruptor indica una arquitectura genética conservada que permitiría cruzar investigaciones sobre reproducción, rendimiento y resistencia de la cerveza y el cannabis como cultivos.
El equipo de la UCD trabajó con la Université Paris-Saclay y combinó mapeo genético, secuenciación del genoma y análisis de expresión génica para localizar la región. El proyecto, financiado por Taighde Éireann – Research Ireland, lo ha dirigido el profesor Rainer Melzer, y el primer autor es el doctorando Matteo Toscani.
Qué puede cambiar en el campo
Poder identificar y controlar el sexo de las plantas tiene un interés práctico claro. En el lúpulo, solo las hembras producen los conos aromáticos que se usan en la cerveza. En el cannabis, son también las plantas femeninas las que generan cannabinoides como el CBD y el THC. Y en el cáñamo industrial podrían crearse variedades monoicas, con flores masculinas y femeninas, para producir más fibra.
Los investigadores señalan que entender el mecanismo ayudará a evitar plantas masculinas no deseadas y las pérdidas que provocan, a seleccionar variedades más productivas y estables, y a desarrollar pruebas que identifiquen el sexo de la planta en fases tempranas. En el cannabis medicinal eso podría traducirse en una producción de cannabinoides más eficiente y de más calidad; en la industria cervecera, en cultivos de lúpulo más uniformes y aromáticos.