Investigadores de la Universidad de Sídney (Australia) han estudiado cómo influye el consumo de marihuana en personas con trastornos alimentarios. Su trabajo, publicado en el Journal of Eating Disorders, concluye que el cannabis parece tener un efecto positivo en los trastornos restrictivos, como la anorexia nerviosa o el trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos (ARFID), pero no en los atracones ni en la bulimia nerviosa.
La relación entre el cannabis y los trastornos alimentarios apenas se había investigado. Para abordarla, los autores encuestaron a 7.500 personas con un trastorno alimentario diagnosticado o declarado por ellas mismas. Más de 3.000 habían consumido cannabis en el último año. Procedían de 76 países, sobre todo de Australia (29,7 %), Reino Unido (21,7 %) y Estados Unidos (17,6 %).
Menos ansiedad y más apetito en la anorexia y el ARFID
Las personas con anorexia nerviosa contaron que el cannabis les reducía la ansiedad y la culpa asociadas a la comida y, a la vez, les estimulaba el apetito. Esa combinación, psicológica y fisiológica, parece ayudarles a normalizar la alimentación. Los autores apuntan además que las propiedades gastroprotectoras y antieméticas de la planta podrían reducir las náuseas y mejorar la tolerancia digestiva.
En el ARFID, los investigadores hablan de un “efecto transformador”, ligado a un aumento del apetito y a una mejor capacidad para reconocer las señales de hambre.
“La mayor frecuencia de consumo diario de cannabis entre las personas con ARFID podría reflejar la automedicación para obtener estos beneficios terapéuticos”, explican los autores.
La mayoría de los participantes dijo haber notado también una mejora de su salud mental en general: menos ansiedad relacionada con la comida, menos culpa y malestar emocional, más facilidad para comer y reconocer el hambre y menos náuseas.
Peores valoraciones en bulimia y atracones
Quienes sufren trastorno por atracón o bulimia nerviosa puntuaron peor la eficacia del cannabis. Los autores lo atribuyen a que el THC estimula el apetito y puede agravar los episodios de atracones y purgas. El tipo de trastorno condiciona, por tanto, la respuesta, y cualquier uso terapéutico debería valorarse con cautela y supervisión médica.
El estudio comparó también el cannabis con otros fármacos empleados para los síntomas de estos trastornos. Obtuvo la valoración media más alta de todos, por encima de los medicamentos recetados para la disfunción alimentaria y la ansiedad. El consumo diario de flores se asoció a una mejoría mayor que el consumo ocasional, sin diferencias significativas según el tipo de producto o la composición de cannabinoides.
Las limitaciones del trabajo
Los propios autores reconocen límites importantes. Es un estudio naturalista basado en autoinformes, así que no permite establecer relaciones de causa y efecto. Algunos participantes describieron además efectos adversos y signos de dependencia, lo que obliga a hacer ensayos clínicos controlados para medir la seguridad y la eficacia del cannabis en estos pacientes.
“Se justifican futuros ensayos clínicos de productos de cannabis en trastornos alimentarios”, concluyen los investigadores.
No es el primer trabajo de este grupo. Algunos de los mismos autores publicaron antes en el Journal of the American Medical Association un estudio en el que la marihuana y los psicodélicos fueron los fármacos mejor valorados para aliviar los síntomas de los trastornos alimentarios.