Los pacientes australianos que usan cannabis medicinal con receta no conducen peor tras vaporizar su dosis, según un nuevo estudio publicado en el Journal of Safety Research. El trabajo concluye que, en este grupo, el cannabis no afectaría negativamente a la conducción, y sostiene que la evidencia científica disponible, incluidas encuestas recientes en Baviera, no justifica prohibir conducir a consumidores responsables o pacientes.
El debate sobre el cannabis y la conducción de vehículos gira sobre si quien ha consumido puede conducir con seguridad después de un tiempo sin hacerlo. La comparación con el alcohol es habitual, aunque algunos informes sesgados la han tergiversado. En Australia se hicieron cuatro pruebas comparativas en las que el límite de alcohol previo a la prueba se redujo a la mitad, mientras que los sujetos superaron varias veces el nuevo límite para el cannabis, de 3,5 nanogramos de THC por mililitro. Los resultados mostraron diferencias importantes entre el efecto de una y otra sustancia al volante.
Sin cambios en el simulador
En Australia los médicos pueden recetar productos de cannabis a pacientes que no responden a los tratamientos convencionales. Los investigadores evaluaron en un simulador cómo conducían estos pacientes al inicio del estudio y 45 minutos después de vaporizar la dosis prescrita de flores. No hubo cambios significativos en su capacidad para percibir peligros, calcular distancias, mantener la separación con el vehículo de delante o respetar el límite de velocidad.
Los resultados coinciden con trabajos anteriores según los cuales los consumidores habituales y los pacientes desarrollan tolerancia a muchos de los efectos psicomotores del cannabis. Una publicación de la Asociación Médica Alemana señala que quienes toman cannabinoides en dosis constantes durante largos periodos pueden adaptarse al deterioro psicomotor y conducir con seguridad.
Para los autores, los efectos agudos del cannabis vaporizado sobre la percepción del peligro y la conducta de riesgo en pacientes parecen mínimos. El estudio se limita a pacientes con receta y a conducción simulada, pero pone en duda uno de los argumentos más repetidos contra el cannabis medicinal.