Cannflavina A

La cannflavina A frena hasta el 99 % del crecimiento de células de leucemia en laboratorio

Mario Blunt
30 de julio de 2026

Un extracto enriquecido con cannflavina A, un flavonoide del cannabis, inhibió más del 95 % del crecimiento celular en un cáncer cerebral agresivo y hasta el 99 % en varias leucemias, según resultados preliminares anunciados por Standard Seed Corporation (SSC). La empresa, dedicada a la biotecnología vegetal y al modelado molecular con inteligencia artificial, obtuvo esos datos en pruebas realizadas con el ensayo NCI-60 del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos.

Los resultados se han obtenido en cultivos celulares y no han pasado revisión por pares. Para SSC, además del posible interés terapéutico del compuesto, validan su método computacional para estudiar plantas medicinales con el mismo rigor que los fármacos convencionales.

Un flavonoide aislado en 1980 y casi olvidado

La cannflavina A se aisló por primera vez en 1980 a partir de cannabis tailandés. Durante más de cuarenta años apenas se investigó, a la sombra del THC y el CBD. La plataforma Botanical AI Factory (BAIF) de SSC predijo que podía bloquear la enzima RSK2, una pieza de la vía ERK/MAPK, de la que dependen muchos tumores para proliferar.

Tras esa predicción, la empresa probó la molécula en cultivos celulares. Según SSC, los resultados coincidieron con el modelo: la cannflavina A se unió a su diana y detuvo el crecimiento de las células cancerosas. Una simulación de dinámica molecular de 200 nanosegundos mostró que el compuesto permanecía en el bolsillo de unión de RSK2, aunque con cierta flexibilidad.

Qué mostró el ensayo NCI-60

El NCI-60 es uno de los ensayos de referencia para evaluar posibles tratamientos oncológicos. SSC probó la cannflavina A a una concentración de 10 micromolar. La inhibición del crecimiento llegó al 98,89 % en la línea de leucemia SR, al 97,13 % en HL-60(TB), al 91,46 % en RPMI-8226 y al 95,7 % en la de glioblastoma SF-539.

En tumores sólidos la respuesta fue más moderada: 72,4 % en pulmón, 65,87 % en mama, en torno al 62 % en ovario y riñón y 55 % en próstata. “No se trata de efectos marginales, sino de algunas de las respuestas antiproliferativas más agresivas observadas en un análisis de una sola dosis”, afirma el doctor Sharif, director científico de SSC.

La propia empresa reconoce los límites del trabajo: se probó una sola concentración, no hay todavía modelo animal ni ensayos clínicos y el estudio no ha sido revisado por pares. Un buen resultado en cultivos indica que un compuesto merece investigarse, no que vaya a convertirse en medicamento. Los cánceres implicados explican el interés. La mayoría de los pacientes con glioblastoma mueren entre 12 y 15 meses después del diagnóstico, menos del 10 % sobrevive cinco años y las terapias apenas han cambiado en dos décadas. Las leucemias que mejor respondieron son conocidas por su resistencia a los tratamientos convencionales.

El problema de estudiar mezclas de la planta

El cannabis contiene cientos de compuestos que interactúan entre sí, el llamado efecto séquito, algo que la farmacología centrada en moléculas aisladas no capta. SSC quiere cubrir ese hueco con mapas moleculares digitales que simulen esas interacciones químicas.

El NCI-60 solo admite moléculas purificadas, no extractos vegetales, lo que deja fuera el estudio del efecto séquito y de mezclas como las cannflavinas A, B y C y la iso-cannflavina B, que la empresa considera necesarias para medir el potencial del cannabis tailandés. Por eso SSC está montando una instalación autorizada por la DEA para producir extractos, un cultivo propio de líneas celulares cancerosas y un sistema descentralizado de pruebas con varios componentes. Espera presentar los primeros resultados integrados en octubre.

La reclasificación del cannabis de la Lista I a la Lista III de la Ley de Sustancias Controladas permite por primera vez la investigación clínica sin los obstáculos regulatorios de la DEA, lo que facilita a SSC colaborar con grupos oncológicos. Desarrollar y comercializar un medicamento cuesta entre 1.300 y 2.800 millones de dólares, y la empresa sostiene que aplicar la IA a compuestos vegetales podría abaratar y acelerar ese proceso. Antes, la cannflavina A tendrá que superar las pruebas en animales y en personas.

Sobre el autor
Mario Blunt escribe sobre cannabis desde 2001. Empezó en papel, en la revista Yerba, y siguió en medios digitales como La Marihuana (lamarihuana.com); ambas cabeceras ya han cerrado. Antes de escribir ya era usuario y defensor del cannabis, y esa experiencia se nota en sus textos sobre regulación, cultivo y cultura cannábica. En Diario420 firma con seudónimo.
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