Varios estudios en animales y en personas apuntan a que los cannabinoides podrían influir en el envejecimiento, la memoria y la calidad de vida en la vejez, aunque los resultados distan de ser definitivos. La relación entre cannabis y longevidad depende, según estos trabajos, de la dosis, del compuesto y, sobre todo, de la edad de quien lo consume.
Efectos opuestos según la edad
En ratones envejecidos, dosis muy bajas y regulares de THC, el principal compuesto psicoactivo del cannabis, revirtieron el deterioro cognitivo asociado a la edad. Sus cerebros empezaron a parecerse a los de ejemplares jóvenes, con un aumento notable de las conexiones neuronales en el hipocampo, la región que interviene en la memoria y el aprendizaje.
En ratones jóvenes, sin embargo, las mismas dosis empeoraron la función cognitiva. Los investigadores concluyen que la edad y el estado del sistema endocannabinoide (SEC) condicionan la respuesta al tratamiento.
El cannabidiol (CBD), que no es psicoactivo, ha dado también resultados en organismos sencillos. En gusanos redondos (C. elegans) y moscas de la fruta prolongó la vida hasta un 18 %, mejoró la movilidad en las fases avanzadas y protegió el cerebro tras lesiones. Son organismos simples, pero ofrecen pistas sobre los mecanismos celulares del envejecimiento.
En humanos, señales en ambas direcciones
En personas el cuadro es más matizado. Algunos estudios alertan de que el consumo prolongado desde edades tempranas se asocia a peor rendimiento cognitivo en la mediana edad, menos materia gris e incluso a un envejecimiento biológico acelerado.
En personas mayores, en cambio, el consumo moderado parece mejorar la conectividad funcional del hipocampo, como si el cerebro abriera rutas nuevas para compensar el desgaste. El uso a corto plazo en la vejez no parece perjudicar la función cognitiva.
Los efectos no dependen solo del THC o el CBD. La planta contiene más de 100 cannabinoides y numerosos terpenos, y el llamado efecto séquito sostiene que su combinación puede potenciar los beneficios, mientras que los compuestos aislados podrían ser menos eficaces o incluso contraproducentes. El THC tiene además un efecto bifásico: en dosis bajas puede ser beneficioso y en dosis altas provocar efectos adversos, sobre todo en jóvenes o en personas con un sistema endocannabinoide sensible.
Uso medicinal en la tercera edad
Cada vez más personas mayores recurren al cannabis medicinal para el dolor crónico, como el de la artritis o las neuropatías, el insomnio, la ansiedad y la depresión. Muchos pacientes refieren más bienestar, mejor sueño y menos dolor, y algunos consiguen reducir el uso de opioides, con efectos secundarios más graves y mayor riesgo de adicción.
Nada de esto convierte al cannabis en un elixir de juventud, y su posible utilidad no sustituye a una alimentación equilibrada, el ejercicio, el buen descanso y unas relaciones sociales sanas. Faltan ensayos clínicos en humanos que permitan fijar protocolos seguros y eficaces, y mientras tanto su uso debería hacerse con supervisión médica.