El CBD (cannabidiol) y el THC (delta-9-tetrahidrocannabinol) reducen la proliferación y la migración de células de cáncer de ovario en el laboratorio, según un estudio publicado en Frontiers in Pharmacology. Su autor principal, el Dr. Siyao Tong, insiste en que los resultados son preliminares.
La relación entre cannabis y cáncer de ovario interesa porque se trata del cáncer ginecológico con mayor mortalidad, pese a los avances en cirugía y quimioterapia. El diagnóstico suele ser tardío, los tumores se vuelven resistentes a los tratamientos y fármacos como los derivados del platino tienen efectos secundarios severos y no siempre funcionan.
Qué observaron los investigadores
Tanto el CBD como el THC redujeron la capacidad de las células tumorales para multiplicarse. La combinación de ambos en proporción 1:1 resultó especialmente potente: destruyó células cancerosas y frenó su propagación.
Los compuestos bloquearon además la migración celular, un dato relevante porque la metástasis es la principal causa de muerte en estas pacientes. Las células sanas apenas se vieron afectadas, lo que hace pensar en tratamientos menos tóxicos que los actuales. En cuanto al mecanismo, los cannabinoides parecen regular la vía PI3K/AKT/mTOR, que está hiperactivada en el cáncer de ovario y se relaciona con la resistencia a las terapias convencionales.
Un trabajo solo con células
Los ensayos se hicieron in vitro, sin modelos animales ni pacientes. Tampoco se ha estudiado todavía la farmacocinética, es decir, cómo se absorben, distribuyen y metabolizan los compuestos, y el comportamiento de un tumor en un organismo vivo es mucho más complejo que en una placa de laboratorio, lo que podría cambiar los resultados.
A eso se suman las barreras regulatorias. En Estados Unidos la investigación avanza, pero las restricciones federales dificultan el paso a la clínica; Canadá tiene un marco más flexible, con programas de investigación sobre cannabinoides en oncología; en Europa, países como España y Portugal permiten investigar, aunque la aplicación clínica es limitada, y en Latinoamérica y África el interés crece, pero chocan con trabas legales y falta de inversión.
Si los resultados se confirman en estudios preclínicos y clínicos, podrían desarrollarse terapias que combinen CBD y THC, o que los asocien a la quimioterapia o la inmunoterapia. Para llegar a ensayos con pacientes, la regulación tendría que adaptarse y equilibrar seguridad, eficacia y acceso.