Un estudio publicado en Scientific Reports por investigadores de la Universidad Mohammed V de Rabat y de la Universidad Mohammed VI de Ciencias y Salud señala a la cannabicromevarina (CBCV), una molécula poco conocida del cannabis, como posible candidata para frenar el virus del sarampión. El trabajo es solo computacional y no incluye todavía pruebas en laboratorio.
La investigación sobre los cannabinoides menores ha ganado terreno en 2026. Hasta ahora el interés terapéutico del cannabis se centraba en el dolor o la ansiedad, y este trabajo lo lleva a un campo distinto, la virología.
Simulaciones contra la proteína de fusión
El equipo usó modelos informáticos para analizar cómo varios cannabinoides menores interactúan con la proteína de fusión del sarampión, la pieza que permite al virus entrar en las células humanas. Combinaron acoplamiento molecular, simulaciones de dinámica molecular de 1000 nanosegundos y análisis de energía libre para medir la capacidad de cada molécula de inhibir esa proteína.
Tres compuestos mostraron una afinidad de unión superior a la del inhibidor de referencia del estudio: el ácido cannabicroménico (CBCA), la cannabicromevarina (CBCV) y el cannabiripsol. El CBCV fue el que mejor resultado obtuvo. Según los autores, tiene un rendimiento termodinámico superior y estabiliza la proteína en su forma inactiva de prefusión, lo que podría impedir los cambios que el virus necesita para fusionarse con la célula.
El análisis farmacológico también le resultó favorable. Las predicciones le atribuyen un perfil de toxicidad inactivo, una permeabilidad adecuada de la barrera hematoencefálica (podría actuar en el sistema nervioso central) y estabilidad molecular con baja reactividad. Por eso los investigadores lo ven como candidato para estudiar complicaciones graves del sarampión, como la panencefalitis esclerosante subaguda (PES), una enfermedad neurodegenerativa que puede aparecer años después de la infección.
Un virus que vuelve a preocupar
El sarampión se puede prevenir con la vacuna, pero los brotes han aumentado en los últimos años por la caída de la inmunización en algunos países. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que sigue siendo una amenaza global, con más de 9 millones de casos al año y miles de muertes, sobre todo de niños.
La vacuna seguirá siendo la herramienta más eficaz. Lo que se busca con trabajos como este son compuestos que frenen la replicación del virus o reduzcan sus complicaciones neurológicas, como complemento.
El estudio se suma al interés por los cannabinoides menores. La mayoría de la investigación se ha centrado en el THC y el CBD, pero la planta contiene más de 120 cannabinoides, muchos en cantidades pequeñas y poco estudiados. Compuestos como el CBCV, el CBCA o el CBG se investigan por su posible efecto neuroprotector, antiinflamatorio, antimicrobiano y antiviral, y por su papel en la modulación del sistema inmunitario. Los autores creen que la misma estrategia podría probarse con otros virus de mecanismo de fusión parecido, como el virus sincitial respiratorio (VSR) u otros paramixovirus.
Lo que falta por demostrar
Los resultados son preliminares. No hay pruebas de laboratorio ni ensayos en animales o personas, y los propios investigadores reconocen que hace falta validación experimental para saber si el CBCV y los otros compuestos inhiben de verdad el virus en un sistema biológico.
Los siguientes pasos serían ensayos in vitro en células infectadas, estudios de toxicidad y farmacocinética para fijar dosis seguras y, más adelante, investigación clínica en humanos. El trabajo muestra también cómo la simulación molecular permite descartar o seleccionar candidatos antes de invertir en ensayos clínicos, que son mucho más caros.