Legalizar el cannabis recreativo no cambió de golpe el consumo de alcohol en Canadá. Un estudio que ha analizado las ventas nacionales de bebidas alcohólicas entre 2004 y 2022 no encuentra cambios bruscos tras la legalización de octubre de 2018, ni en las cifras mensuales ni en las anuales. Los datos de una provincia, Nueva Escocia, apuntan sin embargo a un efecto más sutil: lo que cambió fue dónde compraba la gente.
La duda estaba planteada desde antes de la reforma. Si los consumidores sustituían el alcohol por cannabis, la salud pública podía salir ganando; si combinaban ambas sustancias, aumentarían los riesgos de su interacción y el gasto sanitario. La industria también se preparó para los dos escenarios: productores de alcohol compraron cultivadores de cannabis y empresas cannábicas adquirieron cervecerías.
Ventas estables en el conjunto del país
Los investigadores revisaron 18 años de ventas de alcohol en todo el país. El total se mantuvo relativamente estable entre 2004 y 2022, aunque con cambios en la composición: la cerveza fue perdiendo terreno y ganaron peso los refrescos alcohólicos, los combinados y otras bebidas más modernas. Esas tendencias de fondo y la evolución de los gustos pudieron difuminar cualquier efecto de la legalización.
El caso de Nueva Escocia
La mayoría de las provincias prohibieron que las licorerías vendieran cannabis, pero Nueva Escocia hizo lo contrario: su corporación pública de licores se convirtió en el principal minorista de cannabis recreativo. Eso permitió comparar las tiendas que solo vendían alcohol con las que vendían ambos productos.
Tras la legalización, las ventas de alcohol en las tiendas que solo vendían bebidas cayeron unos 800.000 dólares al mes respecto a la media anterior. En las tiendas mixtas, en cambio, subieron unos 300.000 dólares mensuales por encima de la media. El patrón sugiere que muchos consumidores no dejaron el alcohol, sino que cambiaron de tienda para comprar las dos cosas en el mismo sitio.
Los datos no permiten saber con certeza el porqué. Los autores manejan tres hipótesis: que algunos consumidores sí sustituyeran el alcohol por cannabis, sobre todo al principio; que otros simplemente cambiaran su rutina de compra, y que clientes que antes acudían al mercado ilícito pasaran a las tiendas reguladas y, de paso, se llevaran una botella.
La pandemia y las nuevas generaciones
El análisis regional llega hasta febrero de 2020, justo antes de la pandemia. A partir de marzo, la COVID-19 alteró el consumo: el cierre de bares y restaurantes afectó a las ventas de alcohol, el confinamiento cambió los hábitos y el consumo de cannabis no bajó, e incluso subió en algunos grupos. Por eso resulta difícil separar los efectos de la legalización de los de la pandemia.
El autor cree que el cambio de fondo podría venir de los jóvenes que alcanzan la mayoría de edad con el cannabis ya legal y accesible, para quienes la marihuana puede ser tan normal como el vino o la cerveza:
“La legalización no provocó un salto inmediato en los hábitos de consumo, pero podría generar transformaciones graduales a largo plazo”.
Entre esos posibles cambios graduales cita una menor iniciación al alcohol entre los adolescentes, una mayor preferencia por productos suaves como el CBD y formas de consumo más variadas y controladas, que combinen ambas sustancias en contextos sociales. Por ahora son hipótesis: los datos disponibles solo muestran un mercado del alcohol estable y un cambio en el tipo de tienda que eligen los consumidores.