El Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil despenaliza la marihuana para uso personal hasta 40 gramos. La decisión, impulsada por el magistrado Gilmar Mendes, cierra un debate de más de una década y fija una distinción clara entre consumidores y traficantes.
Quien sea sorprendido con una cantidad inferior recibirá una advertencia y tendrá que asistir a cursos educativos, en lugar de ir a prisión. La policía, sin embargo, podrá seguir imputando tráfico si hay indicios de venta.
Un alivio para las cárceles
La medida pretende aliviar la crisis penitenciaria de un país con más de 200.000 presos por delitos de drogas. El límite de 40 gramos o seis plantas hembra podría sacar de la cárcel a miles de personas y reducir las desigualdades del sistema judicial, incluidas las raciales.
Su aplicación no será sencilla. La actuación policial es desigual y faltan estructuras para los programas educativos, de modo que el efecto real dependerá de reformas en la policía y en esos servicios. El consumo en espacios públicos sigue siendo ilegal, y el fallo no cubre derivados como los aceites ni la venta de flores.
Brasil frente a sus vecinos
El país avanza más despacio que otros de América Latina. Uruguay y México han legalizado el uso recreativo, mientras que Brasil mantiene un enfoque restrictivo y recibe críticas por la falta de criterios objetivos al aplicar la ley. El Congreso y los sectores conservadores se han resistido a las reformas, y la sociedad sigue dividida: según encuestas recientes, el 52 % de los brasileños se opone a la legalización.