La psilocibina, la DMT y el LSD se están estudiando como posibles tratamientos contra la inflamación crónica. Investigaciones recientes indican que estas sustancias pueden reducir marcadores inflamatorios en el laboratorio y en personas, lo que ha despertado interés por su uso en enfermedades como la depresión, la artritis o las afecciones cardíacas.
La investigación sobre psicodélicos contra la inflamación estuvo frenada durante décadas por el estigma y las restricciones legales. La limitada eficacia de los tratamientos convencionales para algunos trastornos mentales e inflamatorios ha devuelto a la ciencia el interés por estos compuestos y por su capacidad para modular el sistema inmunitario.
Qué dicen los estudios
En el laboratorio, los psicodélicos han inhibido la liberación de citocinas, moléculas inflamatorias que agravan la artritis reumatoide, el asma o la depresión. Según esos trabajos, lo hacen sin afectar a la función inmunitaria sana, al contrario que los esteroides.
En humanos, un estudio con 60 voluntarios sanos encontró que una sola dosis de psilocibina redujo los niveles de TNF-alfa e IL-6, dos marcadores de inflamación, durante la semana siguiente. La ayahuasca, que contiene DMT, ha reducido los niveles de proteína C reactiva (PCR), otro marcador inflamatorio, y esa bajada se ha relacionado con mejoras en el estado de ánimo.
Efectos separables del viaje
Estas sustancias actúan sobre todo a través del receptor de serotonina 5-HT2A, que desencadena reacciones que afectan al estado de ánimo y a la respuesta inmunitaria. Pero algunos estudios recientes apuntan a que el efecto antiinflamatorio podría depender de mecanismos distintos a los que producen las alucinaciones. En un trabajo sobre asma, dos compuestos parecidos mostraron respuestas antiinflamatorias muy diferentes.
De ahí ha surgido una nueva generación de fármacos que buscan conservar las propiedades terapéuticas de los psicodélicos sin efectos psicoactivos. Delix Therapeutics ha desarrollado DLX-001 y DLX-159, que han mostrado efectos antidepresivos sin provocar un viaje, algo que podría facilitar su aprobación y su uso clínico.
La investigación tiene problemas de método. Es difícil hacer estudios doble ciego porque los participantes reconocen enseguida los efectos de un psicodélico, lo que complica interpretar resultados subjetivos como el estado de ánimo, y el efecto placebo podría influir incluso en marcadores biológicos como la inflamación. En España se están realizando ensayos clínicos con psilocibina e ibogaína para tratar la depresión resistente y el estrés postraumático.