Más de dos tercios de los consumidores de cannabis estudiados en Marrakech notaron más sensibilidad a la luz del día después de consumir, y más del 90 % tuvo síntomas oculares, sobre todo ojos rojos y párpados caídos. Son los principales resultados de un estudio marroquí publicado en la revista Psychoactives, realizado entre marzo de 2022 y abril de 2023 con 95 usuarios.
La investigación combinó cuestionarios sobre la percepción de cada participante con pruebas clínicas. El trabajo repasa cómo afecta el cannabis a la vista, incluida la visión nocturna, que una parte de los consumidores cree mejorar aunque las pruebas no lo confirmaron.
Luz, ojos rojos y desviación ocular
La sensibilidad a la luz, una fotofobia leve, podría deberse a la dilatación de los vasos del ojo, que también explica el enrojecimiento, a cambios en la presión intraocular (el estudio no incluye mediciones de ella) o a alteraciones de la percepción visual mediadas por el sistema endocannabinoide, que regula funciones neuronales en la retina. No es un efecto peligroso, pero puede resultar molesto en el día a día.
Los ojos rojos y los párpados caídos son efectos conocidos del cannabis, y su presencia en más del 90 % de los participantes confirma que son signos constantes y fáciles de reconocer. La visión borrosa, en cambio, fue poco frecuente, lo que indica que el cannabis no afecta de forma notable a la agudeza visual en condiciones normales.
La mayoría de los participantes presentaba exoforia, una tendencia de los ojos a desviarse hacia fuera, tanto de cerca como de lejos, mientras que la foria vertical era normal. Podría indicar una ligera alteración de la coordinación entre ambos ojos o un efecto del cannabis sobre los músculos oculares o los centros cerebrales que controlan la convergencia. No es un trastorno grave, pero en algunos casos causa fatiga visual o molestias.
Una mejora nocturna que no se pudo medir
Un tercio de los usuarios, sobre todo consumidores de hachís, dijo ver mejor de noche. El dato coincide con un caso clínico descrito en Marruecos en 2004, pero las pruebas no mostraron ninguna mejora objetiva.
Caben varias explicaciones. El cannabis puede alterar la percepción del contraste o la sensibilidad visual y hacer que el usuario sienta que ve mejor; una ligera dilatación de la pupila dejaría entrar más luz, aunque a costa de nitidez, y la relajación o la menor ansiedad también pueden influir en cómo se percibe lo que se ve. Sin pruebas objetivas, sigue siendo un fenómeno curioso pero no demostrado.
El perfil de los participantes
Marruecos es uno de los mayores productores de cannabis del mundo, sobre todo de hachís, pero apenas hay estudios locales sobre sus efectos en la salud. Los participantes eran en su mayoría hombres (87 %), con una edad media de 33 años, empezaron a consumir a los 17,5 años de media, fumaban casi exclusivamente hachís y muchos tenían antecedentes familiares de consumo.
Los autores recomiendan revisiones oftalmológicas periódicas para los consumidores habituales. También piden estudios longitudinales, porque este es transversal y no permite establecer relaciones de causa y efecto, y que las próximas investigaciones incluyan mediciones objetivas como electrorretinogramas, pruebas de contraste o pupilometría.