Un experimento de laboratorio de la Universidad Estatal de Colorado indica que, en algunos consumidores, la marihuana hace beber menos alcohol y reduce las ganas de seguir haciéndolo. El estudio se ha publicado en la revista Drug and Alcohol Dependence.
La relación entre ambas sustancias se discute desde hace años. Una teoría sostiene que se complementan y que quien consume una acaba tomando más de la otra; la contraria defiende que el cannabis puede sustituir al alcohol y reducir su consumo. Hasta ahora, la mayoría de los trabajos se basaban en encuestas respondidas por los propios usuarios, sin datos experimentales.
Cómo se hizo el experimento
Participaron 61 adultos que consumían habitualmente marihuana y alcohol. Ninguno estaba en tratamiento por adicción, por lo que el perfil se acerca al del usuario recreativo.
Cada uno acudió a dos sesiones. En la de control recibía una bebida inicial y después podía tomar hasta cuatro más. En la segunda consumía marihuana, de forma legal, antes de esa primera bebida, y luego podía beber en las mismas condiciones. Los investigadores registraron cuántas bebidas tomaba cada persona y cuánto deseaba seguir bebiendo.
Menos copas y menos deseo
Tras consumir marihuana, los participantes bebieron menos alcohol. En el grupo que los autores denominan «sustitutos», el ansia de beber bajó de forma significativa.
La diferencia no se explica por los niveles de THC en sangre, es decir, no se debe a que estuvieran demasiado colocados para seguir bebiendo. El estudio sugiere que los cannabinoides podrían actuar sobre los circuitos cerebrales del refuerzo y el deseo compulsivo. Eso no significa que el cannabis bloquee el alcohol, sino que podría cambiar el placer o la necesidad que este provoca en determinadas personas.
El resultado interesa en el terreno de la reducción de daños, que busca reemplazar sustancias más nocivas por otras menos perjudiciales. Para algunos consumidores, la marihuana podría servir para moderar la ingesta de alcohol, ligado a numerosos problemas de salud física y mental.
Lo que el estudio no demuestra
El efecto apareció solo en una parte de los participantes; en otros, el deseo de beber no cambió. Todos eran consumidores habituales, lo que limita la extrapolación a otros perfiles, y sin más estudios no se puede recomendar la marihuana como tratamiento del alcoholismo.
Quedan preguntas abiertas: qué personas responden mejor a esa sustitución, si influyen el tipo de planta (índica, sativa o híbrida) y la vía de consumo (fumada, vaporizada o ingerida), y si podría diseñarse un protocolo terapéutico con cannabinoides para tratar la dependencia del alcohol.