El kaneh bosem, uno de los ingredientes del aceite de la Santa Unción descrito en el Antiguo Testamento, se ha traducido tradicionalmente como «caña aromática» o «cálamo aromático». Una hipótesis formulada hace casi un siglo sostiene que en realidad se trataba de cannabis, y en los últimos años ha ganado apoyos gracias a hallazgos arqueológicos y a nuevos estudios lingüísticos.
La idea, ignorada durante décadas por buena parte de la academia, no está demostrada. Pero si fuera cierta, obligaría a revisar el papel de la planta en los rituales hebreos y en la historia de la espiritualidad antigua.
Una cuestión de traducción
El término hebreo קנה בושם (kaneh bosem) aparece en Éxodo 30:23, en el pasaje en el que Dios indica a Moisés cómo preparar el aceite de la unción. La mayoría de las traducciones lo identifican con el cálamo aromático, una planta acuática sin efectos psicoactivos.
En 1936, la antropóloga Sula Benet propuso otra lectura. Kaneh (קנה) significa «caña», pero también puede referirse al cáñamo, y bosem (בושם) quiere decir «fragante» o «aromático». Juntas, las dos palabras podrían traducirse como «cáñamo aromático». Benet señaló además que el nombre del cannabis en otras lenguas antiguas de la región era muy parecido:
| Idioma | Término para cannabis |
|---|---|
| Sumerio | kunibu |
| Acadio | qunnabu |
| Persa | kenab |
| Árabe | kannab |
| Sánscrito | cana |
Para Benet, la raíz fonética y la relación de significado eran evidentes. Algunos autores sostienen que la traducción como «cálamo» fue deliberada y respondió a tabúes religiosos posteriores.
El altar de Arad
En 2020, arqueólogos israelíes encontraron restos de resina de cannabis en un altar del santuario de Arad, del siglo VIII a. C., dedicado a Yahvé. Junto a ella había incienso y otros ingredientes rituales.
El hallazgo indica que el cannabis no era ajeno a los cultos hebreos. Se quemaba como ofrenda, probablemente para inducir estados alterados de conciencia o intensificar la experiencia religiosa. A partir de ahí, los defensores de la hipótesis plantean que el aceite usado para consagrar a sacerdotes, profetas y reyes también pudo contener la planta.
Recurren además a la botánica. El Acorus calamus crece en climas húmedos y, según su argumento, no es originario de Israel, mientras que el cannabis se cultivaba en Mesopotamia, Persia y Egipto y era conocido por sus usos medicinales y espirituales. El cálamo contiene compuestos tóxicos como la beta-asarona; el cannabis tiene propiedades antiinflamatorias, analgésicas y psicoactivas.
De la unción a las curaciones de Jesús
Algunos investigadores van más lejos. Chris Bennett sugiere que Jesús pudo usar el aceite de la unción, con cannabis como ingrediente principal, para tratar a enfermos, y relaciona con él las curaciones de lepra, epilepsia o ceguera que describen los evangelios. El aceite se aplicaba sobre la piel y, en dosis altas, el cannabis puede absorberse por vía transdérmica, lo que según Bennett explicaría la calma, el alivio del dolor y los estados de revelación atribuidos a los ungidos.
Es la parte más especulativa de la teoría. Aceptar que el cannabis formaba parte de los rituales hebreos supondría replantear la relación entre religión y sustancias psicoactivas, y abre preguntas que sus defensores repiten: por qué se perdió esta lectura durante siglos y qué papel tuvieron en ello las traducciones griegas y latinas.
Hoy investigadores, teólogos y activistas reivindican el kaneh bosem en pleno proceso de legalización y estudio médico del cannabis en muchos países. Nada permite saber con certeza qué contenía el aceite de Moisés: la hipótesis se apoya en la lingüística y en el altar de Arad, pero no hay una prueba directa de su composición.