Dos citas celebradas en 2025, la feria Mary Jane Berlín y la conferencia Cannabis Europa en Londres, han servido de termómetro de la transformación cannábica que vive el continente. La reforma ha dejado de ser un asunto marginal y ya ocupa espacio en las políticas sanitarias, económicas y sociales, con Alemania, Suiza, Reino Unido y Francia avanzando en direcciones muy distintas.
Ambos encuentros dejaron ver los avances de la industria, pero también sus tensiones: la falta de una regulación común, la escasa formación de los médicos y un sistema sanitario que no da abasto con la demanda de los pacientes.
Mary Jane Berlín: fiesta, divulgación y activismo
La feria se celebró durante 4 días en el recinto Messe Berlin y reunió a más de 65.000 asistentes, 500 expositores y 5.000 profesionales del sector. Frente a otras ferias de corte más comercial, combinó el ambiente festivo con un programa educativo amplio: 90 conferencias que fueron de la medicina cannabinoide a las implicaciones legales. La organización aplicó además una política de «Cannabis primero», sin venta de alcohol y con mensajes de consumo responsable.
El evento homenajeó a Stefan Raab, popular presentador de la televisión alemana, por su papel en la normalización del cannabis desde los años 2000, y contó con Mike Tyson, conocido defensor de la planta, como reclamo mediático. La ausencia del presidente bávaro Markus Söder, contrario a la legalización, se leyó como un gesto de resistencia política.
La legalización parcial del uso recreativo en Alemania, en vigor desde abril de 2024, ha convertido a Berlín en una referencia internacional. «Mary Jane se ha convertido en el acontecimiento más importante del calendario cannábico mundial», afirma Nhung Nguyen, cofundador del evento.
Cannabis Europa: regulación y acceso de los pacientes
En el Barbican Centre de Londres, Cannabis Europa 2025 reunió a 1.500 responsables del sector, reguladores, médicos, empresarios y representantes de pacientes para discutir cómo consolidar políticas de cannabis medicinal y recreativo de forma eficiente, justa y sostenible.
La conferencia rindió tributo a Hannah Deacon, una de las caras visibles de la lucha por el cannabis medicinal en el Reino Unido. Su campaña consiguió que su hijo accediera legalmente al tratamiento y desencadenó cambios normativos; en Londres se la recordó como la «columna vertebral moral» del movimiento.
Sasha Stefanski, consejero delegado de PHCann International, reclamó una regulación armonizada en Europa para evitar un mercado «a dos velocidades». Los ponentes denunciaron también que muchos médicos europeos apenas conocen el sistema endocannabinoide, lo que dificulta las prescripciones, y que la demanda real de los pacientes supera con mucho la capacidad de respuesta de las instituciones.
Uno de los paneles planteó directamente si Europa está preparada para atender a 5 millones de pacientes. Las respuestas apuntaron a varias necesidades: formación médica oficial en terapias con cannabis, prescripción digital con validación a distancia y trazabilidad, como en Australia, y una infraestructura logística que evite los cuellos de botella que ha sufrido precisamente el mercado australiano. También se habló del estigma: muchas personas temen los controles policiales, la discriminación o incluso perder el empleo por usar cannabis legal.
Suiza, Francia y el Reino Unido, tres modelos
Suiza ha sido pionera con sus programas piloto de legalización, como Zuri Can, que cuenta con más de 2.500 participantes. Su modelo se apoya en la trazabilidad total del producto, el seguimiento del impacto en la salud mental y la colaboración de la policía.
Francia mantiene un enfoque muy conservador: solo admite el cannabis medicinal bajo una regulación estricta, y su ensayo experimental se ha prolongado hasta 2026. Si no cumple los requisitos administrativos, el acceso podría cerrarse por completo.
El Reino Unido, en cambio, se ha convertido en una potencia emergente. En solo 2 años las prescripciones se han multiplicado por cinco y el país es ya el cuarto mercado mundial de cannabis medicinal, por detrás de Alemania, Canadá e Israel, con más de 400 referencias de productos, en su mayoría importados. Persisten, sin embargo, varios obstáculos: los pacientes pagan el tratamiento de su bolsillo, faltan médicos con formación en cannabis y las licencias de importación exigen trámites engorrosos.
Bebidas y productos de dosis baja
En el terreno comercial, ganan terreno las bebidas con poco THC y las golosinas funcionales, sobre todo entre consumidores jóvenes y urbanos. La marca estadounidense Cann aseguró que sus bebidas ya venden más que el alcohol en algunos nichos.
Lo que buscan estos consumidores, según se expuso en los encuentros, son productos socialmente aceptables, que no provoquen resaca y que encajen en un estilo de vida saludable. Es una demanda que la industria europea tendrá que atender mientras sigue pendiente la armonización normativa que reclamaron los ponentes en Londres.