El cannabis forma parte de la historia de África desde hace siglos. Hay poca documentación sobre su uso antes de la colonización, pero distintas investigaciones han encontrado rastros del cannabis en las tribus y antiguas civilizaciones del continente, donde se empleaba en rituales espirituales, como medicina y en la vida social.
Rituales para hablar con los antepasados
En algunas tribus de África Oriental, los chamanes usaban la planta para entrar en trance y comunicarse con los espíritus de los antepasados. Esas ceremonias pesaban en las decisiones de la comunidad, desde la elección de un nuevo líder hasta la interpretación de presagios.
En el norte de África, los sufíes y otras comunidades místicas la utilizaban para meditar y buscar la iluminación, una costumbre que se suele vincular con prácticas chamánicas de miles de años de antigüedad. En África Occidental, pueblos como los dogón de Mali la incluían en los ritos de iniciación: los jóvenes que pasaban por las ceremonias de madurez podían consumirla para estrechar su vínculo con los ancestros y comprender mejor las enseñanzas de los mayores.
Ungüentos, brebajes e infusiones
Las propiedades medicinales de la planta se aprovechaban desde antiguo. En África Central, con sus hojas y flores se preparaban ungüentos para heridas, inflamaciones y enfermedades de la piel. Algunos curanderos elaboraban brebajes para aliviar el asma o la tos crónica, y en el Cuerno de África los pueblos cusitas y otras comunidades nómadas la empleaban contra los dolores musculares y los problemas gastrointestinales.
También tenía usos ginecológicos. En sociedades matriarcales, las mujeres sanadoras recomendaban infusiones de cannabis para calmar los dolores menstruales o facilitar el parto.
Cómo llegó la planta al continente
El cannabis no es originario de África. Lo más probable es que llegara desde Asia por las rutas comerciales, y hay indicios de que fueron las caravanas árabes y bereberes las que lo introdujeron por el Magreb hace siglos. Desde allí bajó hacia el África subsahariana y se integró en la agricultura y la medicina locales.
Los comerciantes de la ruta transahariana llevaban semillas consigo, y en lugares como Nigeria y Senegal la planta encontró buena tierra para su cultivo. Reinos como el Imperio de Malí o el de Kanem-Bornu probablemente la comerciaron junto al oro y la sal. En el sur, el contacto con los navegantes europeos también contó: se cree que en el siglo XVII los colonos holandeses ayudaron a extender su cultivo, sobre todo en Sudáfrica, donde la población indígena lo incorporó a su vida diaria.
Lo que queda hoy
Las políticas coloniales restringieron su uso y lo asociaron a prácticas “no civilizadas”, pero muchas comunidades han conservado el conocimiento heredado sobre la planta. En países como Sudáfrica, Marruecos y Ghana el cannabis sigue presente en la medicina tradicional y en la vida espiritual.
El interés por estos usos históricos ha impulsado investigaciones que intentan reconstruir su papel en la cultura africana. En algunas regiones, agricultores locales trabajan para recuperar variedades autóctonas e integrarlas en sistemas de cultivo sostenible.