Tallos, semillas, hojas, raíces y restos de extracción: los residuos del cannabis que hoy se tiran tienen un amplio potencial industrial y ambiental. Así lo concluye una revisión publicada en Cannabis & Cannabinoid Research por investigadores de la Universidad Estatal de Campinas y la Universidad Federal de Bahía, en Brasil.
El equipo realizó una revisión sistemática de 262 estudios científicos sobre el aprovechamiento de estos subproductos. Para seleccionarlos aplicó los criterios PRISMA y rastreó tanto bases de datos científicas como plataformas especializadas en innovación con cannabis.
Qué partes de la planta se aprovechan
Los tallos acaparan el 48,2% de los estudios por su riqueza en fibras útiles para textiles y bioplásticos. Las semillas aparecen en el 21%, como fuente de aceites, proteínas y compuestos funcionales. Los residuos que quedan tras extraer los cannabinoides suponen el 9,7% y tienen aplicaciones en cosmética y filtración. Hojas y raíces se han estudiado menos, aunque contienen compuestos bioactivos de interés.
En total, la revisión documenta 328 tecnologías o usos distintos. Su reparto por sectores es el siguiente:
| Sector | Porcentaje de aplicaciones | Ejemplos destacados |
|---|---|---|
| Tecnología e innovación | 37,5% | Bioplásticos, sensores, materiales compuestos |
| Industria | 36,9% | Textiles, biocombustibles, materiales de construcción |
| Alimentación | 14,3% | Alimentos funcionales, suplementos, piensos |
| Medio ambiente | 7,1% | Adsorbentes para filtración, compostaje |
| Cosmética y salud | 4,2% | Ingredientes naturales, exfoliantes, aceites esenciales |
Los países con más producción científica en este campo son Italia, con una larga tradición en cáñamo industrial; China, pionera en textiles y bioplásticos derivados del cáñamo, y Estados Unidos, donde el impulso llega de la legalización en los estados y del interés por la sostenibilidad.
Ventajas y obstáculos
Según los autores, valorizar estos residuos encaja en la lógica de la economía circular. Permitiría reducir los desechos agrícolas, generar materiales sostenibles, depender menos de los plásticos derivados del petróleo y aprovechar la planta entera, más allá del uso medicinal o recreativo.
Las barreras son varias. Muchos países no permiten usar estos subproductos en alimentos o cosméticos, faltan estudios toxicológicos y clínicos (sobre todo para usos alimentarios) y buena parte de la industria aún no ve el cannabis como una fuente de biomasa aprovechable.
La revisión concluye que la biomasa residual de Cannabis sativa tiene un alto valor tecnológico, ambiental y económico. Para sacarle partido, los investigadores piden cambios regulatorios que abran más sectores a su uso, tecnologías limpias para procesar los residuos e investigación que conecte ciencia, industria y sostenibilidad.