Las personas que consumen cannabis de forma habitual tienen una función vascular un 50 % menor, aproximadamente, que quienes no lo consumen, un deterioro comparable al que causa el tabaco. Es la conclusión de un estudio de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) publicado en JAMA Cardiology y dirigido por la doctora Salomeh Keyhani, que aporta datos sobre cannabis y salud cardiovascular, un terreno todavía poco estudiado.
La función vascular es la capacidad de los vasos sanguíneos para dilatarse y contraerse según lo que necesite el organismo. Cuando falla, aumenta el riesgo de hipertensión, infarto e ictus. Según el trabajo, el efecto aparece tanto si el cannabis se fuma como si se ingiere, lo que contradice la idea extendida de que los comestibles son más seguros para el corazón.
Qué hace el THC en el sistema circulatorio
El cannabis actúa a través del sistema endocannabinoide (SEC), que interviene en el estado de ánimo, el sueño o la inflamación y tiene receptores en el cerebro, en distintos órganos y en el sistema circulatorio. El THC acelera la frecuencia cardiaca poco después del consumo, puede subir la presión arterial en unos momentos y bajarla en otros, y altera el tono vascular y, con él, el flujo sanguíneo. En consumidores frecuentes, estos efectos pueden elevar el riesgo de enfermedad cardiaca.
Fumar añade sus propios problemas: el monóxido de carbono, el alquitrán y otros productos de la combustión favorecen la inflamación de los vasos y deterioran la función endotelial. Los comestibles evitan el humo, pero el hígado transforma el THC en 11-hidroxi-THC, un metabolito más potente y de efecto más largo que también afecta al tono vascular y a la frecuencia cardiaca.
Los efectos que pueden jugar a favor
Hay compuestos de la planta con efectos que podrían compensar parte de esos riesgos. La tetrahidrocannabivarina (THCV) puede ayudar a regular el metabolismo, reducir el apetito y mejorar la tolerancia a la glucosa, algo relevante frente a riesgos cardiacos ligados a la obesidad y la resistencia a la insulina.
Muchas personas usan cannabis medicinal contra la fibromialgia, el dolor articular o el síndrome de hipermovilidad, y menos dolor permite moverse más, lo que beneficia al corazón. El CBD y el cannabigerol (CBG) tienen además fama de ansiolíticos, y controlar el estrés puede bajar el cortisol, mejorar el sueño y reducir la presión arterial.
El efecto final depende de la frecuencia de consumo, la forma de administración y las condiciones de cada persona. Quienes ya tienen problemas cardiovasculares o factores de riesgo como la hipertensión deberían valorar el consumo con su médico.