Un análisis con datos del Biobanco del Reino Unido concluye que el consumo de cannabis en personas mayores no se asocia con un deterioro cognitivo significativo. En algunos casos, incluso, quienes lo habían consumido rindieron mejor en pruebas de memoria y de velocidad de procesamiento. El trabajo, publicado en la revista Age and Ageing (Oxford Academic), se basa en más de 4.000 adultos mayores sin demencia.
La relación entre cannabis y cerebro senior apenas se había estudiado. El uso de la planta crece entre los mayores, sobre todo con fines terapéuticos, pero la mayoría de las investigaciones sobre sus efectos cognitivos se ha hecho con jóvenes. Este estudio intenta cubrir ese hueco.
Cómo se hizo el estudio
Los investigadores seleccionaron a adultos de 60 años o más sin diagnóstico de demencia y combinaron datos transversales y longitudinales del biobanco. Dividieron a los participantes en tres grupos: quienes nunca habían consumido cannabis, los consumidores pasados (más de un año sin usarlo) y los recientes (con consumo en el último año).
Todos hicieron cuatro pruebas cognitivas: memoria numérica, velocidad de procesamiento, razonamiento lógico y memoria visual.
Qué encontraron
Ni los consumidores pasados ni los recientes mostraron un deterioro cognitivo significativo. Los consumidores pasados obtuvieron mejores resultados que los no consumidores en memoria numérica y velocidad de procesamiento. En razonamiento y memoria visual no hubo diferencias relevantes entre grupos.
El consumo reciente tampoco se asoció con efectos negativos, aunque la ventaja frente a los no consumidores fue menos marcada que en el grupo de consumo pasado.
Los autores interpretan que el cannabis en la vejez, sobre todo si es ocasional o terapéutico, no supone un riesgo cognitivo. Pero ofrecen también una explicación alternativa: los consumidores tienden a tener más nivel educativo, mejor salud general y una vida más activa, factores que pueden pesar en los resultados. La posibilidad de un efecto neuroprotector del cannabis queda, según el propio trabajo, pendiente de más investigación.
Las limitaciones del trabajo
El consumo se midió por autoinforme, con el sesgo que eso puede introducir. Tampoco había información sobre dosis, tipo de producto ni frecuencia, de modo que no se pudo distinguir entre uso recreativo y medicinal, ni entre consumo ocasional e intensivo. Y al tratarse de un diseño observacional, el estudio solo muestra asociaciones, no causas.
Aun así, los resultados plantean revisar el estigma y las políticas restrictivas sobre el cannabis en los mayores, y señalan la necesidad de ensayos clínicos controlados. Entre las preguntas abiertas está su posible papel en la prevención del deterioro cognitivo leve o como complemento en enfermedades neurodegenerativas. También apuntan a la formación de los profesionales sanitarios, que a menudo desconocen los efectos reales del cannabis en esta población.