El 87,6% de un grupo de pacientes con enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa que consumen marihuana asegura que el cannabis ha mejorado su calidad de vida. Es uno de los resultados de una encuesta de la Universidad de Florida a 108 consumidores, publicada en la revista Medical Cannabis and Cannabinoids.
La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) agrupa estas dos patologías crónicas, que inflaman de forma persistente el tubo digestivo y causan dolor abdominal, diarrea, náuseas, pérdida de peso, fatiga e insomnio. La relación entre cannabis medicinal y EII se estudia desde hace años como posible complemento para aliviar los síntomas, y este trabajo recoge cómo lo perciben los propios pacientes.
Lo que contaron los pacientes
Los investigadores preguntaron por los patrones de consumo, los síntomas, la medicación y el efecto percibido del cannabis en la vida diaria. Los perfiles clínicos eran variados, pero casi el 43% había pasado por una cirugía intestinal, señal de que muchos tenían formas moderadas o graves de la enfermedad.
Según los hallazgos del estudio, además de esa mejora general en la calidad de vida, el 61,3% dijo que el cannabis le ayudaba a vivir de forma más independiente. El 82,1% refirió alivio de náuseas y vómitos, el 81% menos dolor articular y el 80% mejoras en el insomnio.
El motivo de consumo más citado fue la ansiedad (60,2%), por delante del dolor articular (54,6%) y las náuseas o vómitos (53,7%), lo que apunta a que muchos lo usan también para sobrellevar el peso emocional de una enfermedad crónica. Casi 7 de cada 10 lo tomaban a diario o casi a diario. El 60% lo fumaba o inhalaba y el resto recurría a la vaporización, los aceites o los comestibles.
Menos opioides y poca información médica
Desde el punto de vista clínico, el dato que más interesa es que el 59,3% afirmó haber reducido su consumo de opioides o narcóticos gracias a la marihuana. Los opioides tienen efectos secundarios importantes, pueden crear dependencia y no siempre funcionan contra el dolor de la EII.
La encuesta revela también un hueco en la consulta. El 89,5% se sentía cómodo hablando de su consumo con el médico, pero solo el 24,5% había recibido información sobre las interacciones entre el cannabis y sus medicamentos.
Los límites de una encuesta
Los autores reconocen que los datos proceden de autoinformes y no de mediciones clínicas, que la muestra es pequeña y que se reclutó en un solo centro médico. Además, todos los participantes eran consumidores habituales, lo que puede inclinar las respuestas hacia lo positivo. Por eso piden estudios más amplios y ensayos clínicos controlados para comprobar si los beneficios que describen los pacientes se corresponden con mejoras fisiológicas reales, y para fijar pautas de uso seguras.