Una revisión publicada en la Revista da Faculdade de Ciências Médicas de Sorocaba, en Brasil, apunta a que los extractos de cannabis matan mosquitos transmisores de enfermedades y reducen además su capacidad de reproducirse. El estudio analizó el potencial insecticida de la planta en cuatro especies de mosquitos vectores y en una pulga.
La idea del cannabis contra mosquitos tiene su lógica sanitaria. Estos insectos causan 725.000 muertes humanas al año, muchas más que tiburones, serpientes o leones, porque transmiten la malaria, el dengue, el zika o la fiebre amarilla, enfermedades que siguen siendo un grave problema en las regiones tropicales y subtropicales.
Efectos en todo el ciclo de vida
El trabajo evaluó el efecto de los extractos en todas las fases del insecto: huevos, larvas, pupas y adultos. Además de aumentar la mortalidad, el cannabis redujo la fertilidad y la natalidad, es decir, alteró la reproducción.
«El cannabis ha sido una planta prometedora en cuanto a la mortalidad de insectos vectores; también ha demostrado efectos en la fertilidad, la tasa de natalidad y la aparición de adultos», escriben los autores.
Hay antecedentes. Un estudio de la Universidad Estatal de Ohio observó que el extracto de hoja de cáñamo rico en CBD eliminaba con eficacia las larvas de los mosquitos que transmiten el dengue, el zika y la fiebre amarilla, y sus investigadores concluyeron que el CBD era el principal ingrediente activo con efecto larvicida. Eso invita a estudiar compuestos concretos de la planta como alternativa a los insecticidas químicos.
Un campo con poca investigación
Los propios autores reconocen una escasez alarmante de estudios en este terreno. Consideran «crucial dilucidar el papel del cannabis contra insectos de importancia médica, así como ampliar nuestro conocimiento sobre la acción tóxica de la planta». Es un campo incipiente que necesita financiación y apoyo institucional.
Parte del retraso se explica por las políticas restrictivas que limitaron durante más de medio siglo la investigación con cannabis. Países con marcos regulatorios más flexibles, como Canadá o Uruguay, estarían en mejor posición para avanzar en esta línea.
Si la eficacia se confirma, los extractos podrían incorporarse a programas de control de vectores en África, Asia y América Latina y reducir el uso de insecticidas químicos, que generan resistencias y contaminan. El cáñamo sumaría así otro uso a los que ya tiene como fibra y alimento. De hecho, ya entra en la cadena agroalimentaria legal: en 2025, el Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA) aprobó la harina de semillas de cáñamo como alimento para gallinas ponedoras, hasta un 20 % de su dieta.
Queda por evaluar el impacto ecológico. Antes de usar el cannabis como insecticida habría que comprobar que no afecta a especies que no son el objetivo ni provoca desequilibrios en el entorno.