Los bonsáis de cannabis combinan el cultivo de la planta con la estética del bonsái tradicional. La técnica permite controlar el crecimiento y conservar una misma planta durante años, como una pieza de arte vivo, aunque exige paciencia y unos cuidados específicos.
El bonsái es una práctica milenaria nacida en la antigua China, donde los monjes taoístas cultivaban árboles pequeños como símbolo de armonía con la naturaleza. Más tarde los japoneses perfeccionaron la técnica y la convirtieron en un arte refinado. Aplicada al cannabis, da como resultado una planta compacta, de formas elegantes y más longeva, y muchos cultivadores la usan para conservar genéticas valiosas.
Para qué sirve un bonsái de cannabis
Su uso principal es preservar variedades concretas sin mantener grandes cultivos. Una planta madre en formato bonsái permite tomar esquejes con regularidad, con las mismas características que la original, y reproducir la variedad sin volver a germinar semillas.
También ahorra espacio. El cannabis puede alcanzar bastante altura, pero el entrenamiento como bonsái limita su tamaño, algo útil para quien dispone de poco sitio o busca discreción. En lugar de varias plantas en un cultivo convencional, la producción resulta más manejable y consume menos recursos. Con la poda y el entrenamiento adecuados se obtienen además formas complejas y vistosas.
Cómo se cultiva
No todas las variedades se adaptan bien. Las más indicadas son las de estructura compacta, crecimiento moderado y buena resistencia al estrés de la poda, como estas:
- Northern Lights, una indica compacta y resistente.
- Blueberry, de estructura robusta y adaptable.
- Jack Herer, una sativa moderada que funciona como bonsái con el entrenamiento adecuado.
La maceta debe ser pequeña para limitar el desarrollo de las raíces: se recomienda un recipiente de entre 1 y 3 litros con buen drenaje y una base de grava o piedra volcánica que evite la acumulación de humedad. El sustrato debe ser ligero, por ejemplo una mezcla de fibra de coco, turba y perlita, con abonos orgánicos en dosis moderadas.
Para dar forma a la planta se combinan varias podas. La apical, que corta la punta del tallo principal, favorece la ramificación lateral; la de raíces evita que ocupen demasiado espacio en la maceta, y la defoliación selectiva retira hojas grandes para que la luz llegue a las partes bajas. Los alambres de cobre o aluminio sirven para guiar el tronco y las ramas; hay que colocarlos con cuidado y retirarlos cuando la estructura se ha consolidado.
El fotoperiodo determina la fase de la planta. Para mantenerla en crecimiento vegetativo y sacar esquejes se aplica un ciclo de 18 horas de luz y 6 de oscuridad; para inducir la floración se pasa a 12 horas de luz y 12 de oscuridad.
Dificultades y diseños
Modelar un bonsái puede llevar meses o incluso años. Por el tamaño reducido de la maceta, el exceso de riego es un riesgo constante. Y antes de empezar conviene consultar la normativa, porque en muchos lugares el cultivo de cannabis está regulado.
Algunos cultivadores han llevado la técnica bastante lejos, con diseños inspirados en árboles antiguos de raíces expuestas, formaciones en cascada con las ramas creciendo hacia abajo o modelos de varios troncos que imitan un pequeño bosque.