Los Verdes alemanes han pedido en el Bundestag que se agilicen los trámites para abrir clubes de cannabis, mientras el SPD acusa a Baviera de bloquear la aplicación de la ley federal. El choque resume el estado de la relación entre Alemania y los clubes de cannabis: el Gobierno federal los convirtió en una pieza central de la legalización, pero algunos estados federados aplican criterios tan estrictos que en la práctica frenan su desarrollo.
Según Linda Heitmann, diputada verde y especialista en política de drogas, los procedimientos actuales son demasiado lentos y complejos, lo que dificulta crear asociaciones y permite que el mercado negro siga dominando. Los Verdes exigen acelerar los trámites y reducir la burocracia. Heitmann sostiene que cada vez más ciudadanos cultivan cannabis por su cuenta o en grupo, y pide a los estados federados que compartan buenas prácticas, definan responsabilidades claras y apoyen sin trabas a quienes quieran fundar un club.
Baviera, el estado con más obstáculos
Una encuesta de la Red Editorial de Alemania (RND) sitúa a Baviera como el estado con más barreras administrativas. Allí los solicitantes necesitan un permiso de construcción específico y, además, una autorización para una «zona especial», un requisito que no existe en la mayoría de los demás estados ni figura en la ley federal. El resultado es que Baviera es el estado con menos clubes aprobados: solo nueve.
La diputada socialdemócrata Carmen Wegge sostiene que Baviera actúa «en contra de la voluntad del parlamento federal» al exigir zonas especiales que prácticamente no existen, lo que impide funcionar a las asociaciones y refuerza el mercado ilegal. En otros Länder, con un enfoque más pragmático y menos burocracia, el país sumaba en agosto de 2025 casi 300 clubes autorizados.
Qué permite la ley alemana
Desde la entrada en vigor de la Ley del Cannabis (CanG) en abril de 2024, en la legalización del cannabis en Alemania se permite llevar hasta 25 g en la calle y tener hasta 50 g en casa, cultivar hasta tres plantas por adulto y crear clubes sociales de cannabis: asociaciones sin ánimo de lucro que cultivan para sus miembros. Funcionan como asociaciones registradas (e.V.), con un máximo de 500 socios, y deben cumplir requisitos estrictos de seguridad, documentación y control de calidad.
El modelo pretende ofrecer una alternativa regulada y comunitaria al mercado ilegal, parecida a la de España o Malta pero con normas más duras. Los clubes deben documentar el cultivo, el almacenamiento y la distribución, y están pensados para fomentar un consumo responsable. Si no pueden funcionar, advierten tanto los Verdes como el SPD, los consumidores seguirán comprando en el mercado negro y la legalización quedará en papel mojado.
Un pulso entre Berlín y los estados conservadores
La ley es federal, pero su aplicación corresponde a cada estado, y eso ha creado un mosaico de criterios. La legalización la impulsó la coalición de SPD, Verdes y FDP, mientras que algunos estados gobernados por la CSU/CDU, como Baviera, se oponen abiertamente al modelo. De ahí los retrasos administrativos, las interpretaciones restrictivas y los conflictos entre niveles de gobierno, dentro de un debate más amplio sobre el reparto de competencias en salud pública y seguridad.
Según expertos y asociaciones del sector, que el modelo funcione dependerá de unificar criterios entre estados, reducir la burocracia, dar más apoyo institucional a los clubes y evaluar de forma continua su efecto sobre el mercado negro.