Elevar el CO₂ y ajustar la ventilación de los recipientes de cultivo multiplica el crecimiento de las plántulas de cannabis medicinal obtenidas en laboratorio. Lo demuestra un nuevo estudio publicado en Industrial Crops and Products, que propone un protocolo para producir clones más fuertes sin añadir azúcar al medio.
El trabajo se centra en la micropropagación del cannabis por la vía fotoautotrófica (PAM). En esta técnica el azúcar del medio de cultivo se sustituye por CO₂, de modo que las plantas dependen solo de la fotosíntesis. El resultado son plántulas más robustas, fisiológicamente activas y mejor preparadas para el trasplante.
Cómo se hizo el experimento
Los investigadores trabajaron con dos variedades ricas en CBD, Charlotte y Auto Charlotte. Las cultivaron con dos niveles de CO₂ (400 y 800 μmol mol⁻¹) y con tasas de renovación del aire (ACR) de entre 0,7 y 13,6 renovaciones por hora, para encontrar la combinación que más favorecía la fotosíntesis, el enraizamiento y la acumulación de biomasa.
El CO₂ elevado (800 μmol mol⁻¹) mejoró siempre el crecimiento: aumentó la altura, la superficie foliar, la biomasa aérea y de raíces, la clorofila, el rendimiento fotosintético (NCEA) y el vigor general. El carbono adicional acelera la fotosíntesis y permite a las plántulas crecer sin azúcares externos.
La ventilación, el factor decisivo
El efecto del CO₂ se disparó cuando se combinó con una ventilación moderada, de unas 4,4 renovaciones por hora. Esa tasa evita el exceso de humedad, mantiene el CO₂ en niveles adecuados, reduce el estrés fisiológico y permite el intercambio de gases sin secar el sustrato.
Con CO₂ elevado y una ACR de 4,4 h⁻¹, la biomasa seca creció un 181 % en Charlotte y un 124 % en Auto Charlotte, y la biomasa total, un 282 %. El peso fresco de las raíces de Charlotte aumentó un 1000 % y el intercambio neto de CO₂ (NCEA) subió entre un 733 % y un 943 %. Según los autores, son cifras muy superiores a las de la micropropagación convencional.
Más ventilación, en cambio, no fue mejor. Con 13,6 renovaciones por hora el sustrato perdió hasta un 82 % del agua, las plantas sufrieron un estrés hídrico severo, bajó la clorofila y el desarrollo de las raíces se redujo de forma drástica. El exceso de aire seca el medio y limita la fotosíntesis.
Un protocolo para la producción comercial
El estudio concluye que el éxito de la técnica depende de un equilibrio: CO₂ suficiente para sostener la fotosíntesis, ventilación moderada que renueve los gases sin deshidratar, humedad controlada y ausencia de azúcar. Con esa combinación las plántulas desarrollan dentro del recipiente un sistema fotosintético plenamente funcional, algo que la micropropagación ha tenido históricamente difícil.
Para la industria, el protocolo de 800 μmol mol⁻¹ de CO₂ y 4,4 renovaciones por hora ofrece plántulas más fuertes y listas para trasplantar, menos riesgo de contaminación gracias a la ventilación pasiva, menos problemas derivados del azúcar y una mayor uniformidad, importante en los cultivos medicinales. También aumenta la productividad por ciclo.
Los autores recomiendan adoptarlo como estándar para la producción comercial de clones de cannabis medicinal y señalan que puede aplicarse con sistemas de ventilación pasiva, lo que reduce costes y riesgos.