La comercialización y la regulación del mercado legal han reducido la diversidad genética del cannabis, según la tesis de Caleb Y. Chen. El trabajo describe un cuello de botella genético del cannabis provocado por siglos de domesticación orientada a unas pocas características: más producción de flores en lugar de hojas y tallos, una alta concentración de THC para cumplir con la normativa y con lo que pide el mercado, y aromas y perfiles químicos previsibles.
Esa selección artificial ha estrechado la variedad genética de la planta. Según Chen, la polinización y el cruce con híbridos han hecho desaparecer variedades autóctonas en regiones como Marruecos, Jamaica, México, Tailandia e India. El fenómeno no es exclusivo del cannabis, pero preocupa especialmente porque su genética determina sus propiedades medicinales y terapéuticas.
Precios a la baja y etiquetas poco fiables
La presión del mercado ha agravado el problema. Con la caída de los precios, los cultivadores han optado por variedades más productivas y fáciles de vender, lo que ha acentuado la homogeneización y ha extendido la percepción de que el cannabis se ha convertido en un producto genérico. Chen sostiene que el «cannabis artesanal» es más una etiqueta de marketing que una realidad genética, aunque reconoce que algunos cultivadores intentan resistirse buscando variedades únicas y conservando genéticas poco explotadas.
La tesis señala otro problema: las variedades no siempre se etiquetan con precisión, lo que confunde a los consumidores, dificulta la trazabilidad y entorpece la investigación y el desarrollo de nuevos cultivares.
El peso de la regulación
Las leyes también han contribuido. En muchos lugares incentivan el cultivo de variedades ricas en THC y pasan por alto otros cannabinoides y rasgos con posible valor medicinal. Los cultivadores entrevistados por Chen explicaron que el mercado premia los niveles altos de THC por los requisitos legales de análisis y por el desconocimiento de los consumidores.
Para revertir la tendencia, el autor propone normas más flexibles que permitan mayor diversidad, que se reconozca el valor de otras características de la planta más allá del THC y una colaboración más estrecha entre reguladores y cultivadores para ampliar la diversidad sin perder calidad.
Nuevos marcadores y cannabinoides
Mientras tanto, la ciencia avanza en el conocimiento de la genética del cannabis. Investigadores han identificado 33 marcadores genéticos que influyen en la producción de cannabinoides, lo que podría permitir desarrollar variedades con perfiles a medida para efectos concretos. También se ha descrito el cannabielsoxa, un nuevo cannabinoide producido por la planta que, junto con otras moléculas, cuestiona las ideas establecidas sobre qué compuestos determinan sus efectos.
Chen considera que el futuro genético del cannabis es una incógnita. La investigación y el interés de algunos cultivadores por conservar genéticas raras podrían compensar la pérdida de biodiversidad, siempre que haya políticas que favorezcan esa conservación, más atención académica al papel de los cultivadores y más estudio de los cannabinoides menos conocidos.