Investigadores de la Universidad Estatal de Washington (WSU) han comprobado en un ensayo clínico que el cannabis aumenta el apetito de casi todos los que lo consumen, sin importar el tipo de comida, si ya han comido, su sexo o su peso. El estudio, con 82 voluntarios de entre 21 y 62 años, se completó con un experimento paralelo en ratas que dio resultados parecidos.
Los participantes se repartieron al azar en tres grupos: unos vapearon 20 mg de cannabis, otros 40 mg y el resto un placebo. El objetivo era identificar qué factores influyen en el hambre que el cannabis desata tras su consumo.
Más comida, más motivación y sin antojo universal
El cannabis aumentó la cantidad de comida ingerida, la motivación por conseguirla y el valor de recompensa asociado a comer. El efecto apareció con independencia del alimento disponible, del grado de saciedad previo, del sexo o género, del índice de masa corporal y de la dosis (20 o 40 mg).
El estudio desmiente además la idea de que el cannabis empuja siempre hacia lo dulce o lo graso. Unos participantes prefirieron hidratos de carbono, otros proteínas y otros, aperitivos grasos. La cecina (beef jerky) figuró entre los alimentos más deseados, algo que no esperaban ni los propios investigadores. También aumentó mucho el consumo de agua, lo que sugiere que el cannabis podría intensificar la sed.
En el experimento con animales, las ratas que recibieron cannabis presionaban la palanca que les daba comida mucho más que las del grupo de control, y seguían haciéndolo aunque estuvieran saciadas. Según los investigadores, actuaban como si tuvieran hambre recién comidas, igual que ocurría con las personas.
Un hambre que nace en el cerebro
Los resultados encajan con lo que se sabe del THC, el principal compuesto psicoactivo del cannabis. El THC estimula el hipotálamo, la región del cerebro que regula el hambre, y «secuestra» el sistema endocannabinoide para generar señales de hambre aunque el cuerpo no lo necesite. Es decir, los antojos se originan en el cerebro y no en el intestino.
La investigadora Carrie Cuttler afirma que estos datos respaldan el uso del cannabis para estimular el apetito en personas con VIH o sida, en pacientes en quimioterapia y en trastornos que provocan una pérdida de peso grave.
Se trata de uno de los estudios más controlados en humanos sobre este tema, y la combinación de datos en personas y en animales refuerza sus conclusiones. El siguiente paso, según los autores, es estudiar cómo modular el sistema endocannabinoide con fines clínicos.