Varios estudios publicados entre 2024 y 2025 apuntan a que el cannabis, en dosis bajas, puede aumentar el deseo sexual y reducir la ansiedad en la intimidad, mientras que las dosis altas tienen el efecto contrario. La relación entre cannabis y sexualidad, entre el placer potenciado y el mito, empieza así a contar con datos.
La explicación biológica está en el sistema endocannabinoide, una red de receptores (CB1 y CB2) repartidos por todo el cuerpo, incluidos el cerebro y los órganos sexuales y reproductivos. Este sistema interviene en el estado de ánimo, la percepción sensorial y la respuesta al estrés, pero también en la fertilidad, la ovulación, la erección y la lubricación vaginal. El THC (tetrahidrocannabinol) y el CBD (cannabidiol) actúan sobre esos receptores y modulan la excitación, el deseo y la sensibilidad.
Qué dicen los estudios
Un trabajo de la Universidad Bar-Ilan (Israel), publicado en Psychopharmacology, observó que dosis bajas de THC y THCV aumentan el deseo sexual, reducen la ansiedad y mejoran la intimidad. En Canadá, un equipo de la Queen’s University encontró que los días en que los participantes consumían cannabis declaraban más deseo y excitación y menos angustia sexual, aunque no tuvieran relaciones.
Investigaciones de la Universidad de Stanford con más de 50.000 personas mostraron que quienes consumen cannabis a diario tienen un 20 % más de relaciones sexuales al mes que quienes no lo hacen. La idea no es nueva: desde los años 70 hay estudios que describen cómo el cannabis intensifica las sensaciones físicas, mejora la percepción táctil y olfativa y facilita el orgasmo, y en 1983 dos tercios de los encuestados en uno de ellos afirmaron que aumentaba el placer y la conexión emocional.
Los efectos no son iguales en hombres y mujeres:
| Género | Efectos positivos | Riesgos potenciales |
|---|---|---|
| Mujeres | Mayor frecuencia de orgasmos, lubricación, deseo y conexión emocional1 | Riesgo de menor juicio sobre anticoncepción o consentimiento |
| Hombres | Mayor sensibilidad y disfrute en dosis bajas | Riesgo de disfunción eréctil o eyaculación retardada en dosis altas1 |
Uso terapéutico y productos
El cannabis se está estudiando en terapia sexual para tratar trastornos del deseo, anorgasmia, dispareunia y ansiedad sexual. En psicoterapia se le atribuye la capacidad de facilitar la introspección, reducir la vergüenza corporal y mejorar la conexión emocional. En personas con trastorno de estrés postraumático, el THC puede reducir los flashbacks y el CBD aliviar la ansiedad, lo que repercute en su vida sexual.
El mercado ya ofrece lubricantes con THC o CBD, que aumentan la sensibilidad y reducen el dolor; óvulos vaginales usados en mujeres con dolor tras un cáncer ginecológico, con resultados positivos en excitación y orgasmo, y comestibles como chocolates, infusiones o aceites con dosis controladas.
Dosis, consentimiento y contraindicaciones
Las dosis bajas o moderadas son las que funcionan mejor; las altas pueden provocar ansiedad, sequedad vaginal o disfunción eréctil. El cannabis también puede alterar la percepción del consentimiento, por lo que se recomienda usarlo solo en contextos seguros y consensuados. Las personas con antecedentes de psicosis, adicción o trastornos de ansiedad deberían evitarlo sin supervisión médica.
En tradiciones como la ayurvédica o la tántrica, el cannabis se consideraba un afrodisíaco sagrado, y hoy el tabú que lo rodea en la vida íntima se está diluyendo. No es una «píldora mágica»: bien usado puede mejorar la conexión, reducir la ansiedad y aumentar el disfrute, pero sus beneficios dependen de la dosis, de la información disponible y de un uso responsable.