Cannabis y metabolismo: un estereotipo que empieza a desmoronarse
Durante décadas, la cultura popular ha repetido la misma idea: consumir marihuana provoca hambre, sedentarismo y, en consecuencia, aumento de peso. Sin embargo, la ciencia lleva años mostrando un panorama muy distinto. Ahora, un nuevo estudio financiado por el gobierno federal de Estados Unidos vuelve a poner el tema sobre la mesa, aportando datos que contradicen frontalmente ese estereotipo.
Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en Riverside han descubierto que el extracto de cannabis de espectro completo no solo no engorda, sino que podría ayudar a perder peso y mejorar la regulación de la glucosa, un factor clave en la prevención de la diabetes tipo 2.
Y lo más interesante: estos efectos no se observan con el THC aislado, lo que refuerza la teoría del efecto séquito, según la cual los cannabinoides funcionan mejor cuando actúan juntos.
¿Qué hicieron exactamente los investigadores?
Los científicos querían resolver una paradoja: Si el THC aumenta el apetito, ¿por qué los consumidores habituales de cannabis suelen tener menor IMC, menos grasa corporal y menor riesgo de diabetes?
Para investigarlo:
- Alimentaron a ratones con una dieta occidental rica en grasas y azúcares hasta inducir obesidad.
- Trataron a los animales durante 30 días con:
- THC aislado
- Extracto de cannabis de espectro completo
Los resultados fueron sorprendentes.
Resultados: el extracto completo supera al THC
Los investigadores observaron:
✔ Reducción de peso corporal
Tanto el THC como el extracto completo lograron disminuir el peso de los ratones obesos.
✔ Menos grasa visceral
La grasa más peligrosa —la que rodea los órganos— también se redujo significativamente.
✔ Mejor regulación de la glucosa (solo con extracto completo)
El extracto de cannabis normalizó la eliminación de glucosa hasta niveles similares a los de ratones delgados. El THC aislado no logró este efecto.
Esto sugiere que otros cannabinoides presentes en la planta —como CBD, CBG, CBC o THCV— podrían ser los verdaderos responsables de los beneficios metabólicos.
¿Por qué es importante este hallazgo?
Porque apunta a un posible mecanismo mediante el cual el tejido adiposo se comunica con el páncreas para regular la insulina. Y porque abre la puerta a nuevas terapias metabólicas basadas en cannabinoides no intoxicantes.
El propio autor principal, Nicholas DiPatrizio, lo resume así:
“El THC por sí solo no es responsable de los beneficios metabólicos asociados al consumo de cannabis. Otros compuestos de la planta parecen desempeñar un papel fundamental”.
El estudio no está solo: la evidencia se acumula
En los últimos años, múltiples investigaciones han encontrado patrones similares:
- Consumidores recientes de cannabis tienen 31% menos probabilidades de ser obesos.
- Consumidores diarios: 32% menos probabilidades.
- Productos con THCV + CBD se asocian con pérdida de peso, menor cintura y mejor perfil cardiovascular.
- Consumidores habituales realizan más ejercicio y reportan mayor disfrute durante la actividad física.
- El cannabis no aumenta el sedentarismo, según estudios de 2024.
- Incluso puede potenciar la sensación de runner’s high y reducir el dolor durante el ejercicio.
En conjunto, estos datos pintan un panorama muy diferente al mito del “fumador perezoso”.
¿Significa esto que el cannabis adelgaza?
No. Y los propios investigadores lo dejan claro.
Este es un estudio preclínico, realizado en ratones. No implica que las personas deban usar cannabis para perder peso. Pero sí sugiere que ciertos fitocannabinoides no intoxicantes podrían convertirse en herramientas terapéuticas para tratar:
- obesidad
- resistencia a la insulina
- diabetes tipo 2
La clave estará en identificar qué compuestos exactos generan estos efectos y cómo pueden aprovecharse sin los efectos psicoactivos del THC.
Conclusión: una planta más compleja de lo que creíamos
El cannabis sigue demostrando que es una planta con un potencial terapéutico enorme y aún poco explorado. Este estudio añade una pieza más al rompecabezas, mostrando que su relación con el metabolismo es mucho más rica y compleja de lo que se pensaba.
Y, sobre todo, nos recuerda que la ciencia avanza desmontando mitos, incluso aquellos que parecían grabados en piedra.